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Valoración del abdomen agudo en urgencias

Autores: D. Montiel Serrano, F. Ruiz Ferrón, L. Rucabado Aguilar, E. Castillo Lorente
Tomado de: www.uninet.edu

Anatomía y fisiología de la cavidad peritoneal

El peritoneo es una capa lisa formada por células mesoteliales, con una superficie similar a la superficie cutánea (1,7 m2). Reviste la cavidad abdominal y se refleja para cubrir las vísceras abdominales.

En condiciones normales contiene menos de 50 cc. de líquido: estéril, amarillo claro, con las siguientes características:

  1. Densidad < de 1016.
  2. < 3 gr. de proteínas/dl. Principalmente albúmina.
  3. Células < 3000 celulas/mm3, 50% macrófagos y 40% linfocitos, algunos eosinófilos y células mesoteliales.

El peritoneo se comporta como una barrera pasiva, semipermeable a la difusión de agua y la mayoría de solutos, con una superficie de intercambio de 1m2. El aclaramiento de partículas y bacterias en el peritoneo se realiza a través de pequeños canales entre las células mesoteliales del peritoneo diafragmático, en dirección hacia los canales linfáticos. Proceso favorecido por los movimientos respiratorios del diafragma, así, durante la espiración se produce la entrada en los linfáticos y con la contracción del diafragma se produce el ascenso hacia canales linfáticos más altos, proceso garantizado por la presencia de válvulas unidireccionales (1). Esto explica que diversos procesos como la ventilación mecánica con PEEP o la posición con la cabecera elevada en 45º dificulten la depuración del contenido intraperitoneal (2).

La diseminación del contenido líquido en el interior de la cavidad peritoneal se produce:

2. Respuesta local frente a la infección peritoneal

El principal mediador son las células mesoteliales, muy sensibles a la lesión del peritoneo.

Ante una agresión peritoneal, dichas células se desprenden de este y liberan sustancias vasoactivas y tromboplastina, que transforma el fibrinógeno en fibrina. Los inhibidores de este proceso (activador del plasminógeno) presentes en la superficie peritoneal son inactivados por acción de la contaminación peritoneal. El ileo y la adherencia del epiplón favorece el proceso de localización de la infección.

3. Respuesta sistémica a la infección peritoneal

La respuesta del organismo frente a una peritonitis bacteriana es similar a la que se produce frente a un traumatismo u otra agresión grave.

Inicialmente se manifiesta por hipovolemia, debida a la pérdida de líquidos hacia el espacio peritoneal, con descenso del gasto cardiaco y aumento de las resistencias sistémicas. Cuando se realiza una adecuada resposición de líquidos, aparece el cuadro propio de la sépsis con vasodilatación y gasto cardiaco elevado.

Los pacientes que manifiestan este patrón hemodinámico de sepsis, trás una adecuada reposición hídrica, tienen mejor pronostico que aquellos que persisten con un gasto cardiaco disminuido (1).

4. Mecanismos de defensa del peritoneo

5. Factores que favorecen la infección peritoneal

La presencia de sangre, al aportar diversas sustancias favorece la proliferación bacteriana; así el hierro de la hemoglobina favorece la proliferación de E. Coli. La fibrina produce un secuestro de bacterias, que quedan aisladas de los mecanismos de defensa. Las plaquetas parece que provocan la oclusión de los linfáticos subdiafragmáticos, dificultando la eliminación de bacterias.

Otras sustancias también favorecen la proliferación bacteriana como son : sales biliares, contrastes, tejidos necróticos, cuerpos extraños (drenajes, agentes hemostáticos) etc.

6. Dolor abdominal

6.1. Tipos de dolor abdominal

6.1.1. Visceral

Se produce por distensión de las terminaciones nerviosas que rodean a las vísceras. Se describe como calambre, cólico, sensación de gases. Con frecuencia es intermitente, dependiendo su localización de las vísceras afectadas:

Los cuadros clínicos, que típicamente provocan este tipo de dolor son: apendicitis aguda, colecistitis aguda y obstrución intestinal. Pero además de presentarse como cuadros típicos, no hemos de olvidar, que estos cuadros, pueden presentarse como un dolor difuso y mal definido (3).

6.1.2. Somático

Producido por irritación, por agentes químicos o inflamatorios, de las terminaciones nerviosas localizadas en el peritoneo parietal. El paciente lo describe como agudo, constante y bién localizado.

6.1.3. Referido

Suele seguir unos patrones clásicos (supraclavicular por irritación diafragmática).

Según las características, evolución del dolor abdominal y exploración clínica repetida, con frecuencia es posible identificar cual es su causa. Así una apendicitis inicialmente se refiere como una molestia periumbilical mal definida (obstrucción intra-apendicular) pero su inflamación y consiguiente irritación del peritoneo parietal localizaran el dolor en fosa iliaca derecha (3, 4).

6.2. Origen del dolor abdominal

6.2.1. Intra-abdominal

Puede deberse a:

La isquemia-infarto intestinal suelen ser diagnosticadas tardíamente. Con frecuencia son pacientes de edad avanzada, con patología cardiovascular. Destacan los escasos signos en la exploración física en relación a los síntomas tan alarmantes que refiere el paciente, con una rápida evolución hacia el deterioro sistémico, acidemia metabólica y shock.

El aneurisma de aorta abdominal roto se manifiesta con dolor abdominal, irradiado a espalda, flancos o región genital, asociado a hipotensión y/o shock hipovolémico, el cuadro clínico es muy similar al cólico nefrítico, por lo que cuando se valora este, se debe de tener siempre en mente el aneurisma de aorta compliado.

6.2.2. Extraabdominal

Las lesiones de pared abdominal (desgarros musculares, hematomas, traumas) se caracterizan porque el dolor aumenta al contraer la musculatura abdominal.

En algunos casos patología intratorácica puede manifestarse con síntomas abdominales, así una neumonia, sobre todo en niños puede originar más molestias abdominales que intratorácicas. En ocasiones la isquémia miocardica aguda produce dolor epigástrico, nauseas y vómitos, de ahí la suma importancia de realizar un ECG a todo paciente con factores de riesgo que presente dolor epigástrico.

La patologia pélvica y el embarazo ectópico suelen producir dolor abdominal agudo.

La cetoacidosis diabética es la alteración metabólica que con más frecuencia produce dolor abdominal, en este caso es fundamental descartar que el trastorno metabólico sea secundario a alguna patología intraabdominal y no primario.

Entre las alteraciones neurológicas que pueden producir dolor abdominal las más frecuentes son el herpes zoster y las alteraciones secundarias a la patología del disco intervertebral.

7. Definición del abdomen agudo

Son múltiples las descripciones que se han utilizado para definir el abdomen agudo; en general se define como la presencia de un dolor abdominal hasta entonces no diagnosticado y que tiene una evolución inferior a una semana.

Completando la anterior definición, podríamos señalar que se trata de un dolor caracterizado por (5):

Atendiendo a la anterior definición hemos de tener en cuenta que NO se incluyen en este concepto la urgencias abdominales que usualmente cursan sin dolor como pueden ser las hemorragias digestivas.

8. Causas del abdomen agudo

Aunque son múltiples las causas de dolor abdominal, hay un grupo de ellas que son más frecuentes y por tanto son en ellas en las que hemos de pensar en primer lugar cuando valoramos al paciente. En un análisis de 10682 casos de dolor abdominal agudo seguidos por la Organización Mundial de Gastroenterología, el 34% fueron diagnosticados como dolor abdominal inespecífico, un 28% de apendicitis aguda y un 10% de colecistitis.(6)

En los pacientes atendidos en Servicios de Urgencia Hospitalarios, que han sido referidos por su médico de cabecera, persisten las tres causas anteriores como causas más frecuentes, pero la primera aumenta en frecuencia; pero cuando consideramos la patología que atiende el médico de cabecera, encontramos que las causas más frecuentes (90%) de dolor abdominal son puramente médicas como gastroenteritis, dispepsias, dismenorreas y otros trastornos abdominales inespecíficos.

Las principales afecciones causantes de dolor abdominal agudo y que precisan un tratamiento urgente, quedan resumidas en la siguiente tabla:

  1. Apendicitis aguda.
  2. Aneurisma de la aorta abdominal.
  3. Perforación de víscera hueca.
  4. Obstrucción intestinal con o sin estrangulación.
  5. Isquemia intestinal.
  6. Colecistitis y Colangitis aguda.
  7. Rotura de embarazo ectópico.
  8. Absceso intraabdominal.
  9. Rotura hepática.
  10. Rotura de bazo.
  11. Patología extrabdominal: Infarto de miocardio, Embolia pulmonar, insuficiencia suprarrenal aguda.

Existen evidentemente otras muchas causas de dolor abdominal, algunas de ellas de gran importancia como la pancreatitis aguda, pero que en general su supervivencia no depende de una actitud concreta inmediata.

9. Valoración clínica del abdomen agudo

La valoración adecuada de un abdomen agudo representa un extraordinario reto de habilidades y conocimientos, y en algunos casos, paciencia. Son innumerables las manifestaciones que enfermedades específicas exhiben en diferentes individuos, a lo que hay que sumar la dificultad añadida de comunicación, que presentan muchos enfermos en urgencias: dolor extremo, uso de drogas, estado de shock, demencia o lenguaje incomprensible. Se ha estimado que el primer médico que valora a un paciente con abdomen agudo realiza un diagnóstico erróneo en aproximadamente la mitad de los casos, y la principal causa de esto es el no haber seguido un adecuado esquema de diagnóstico (7).

La conducta a seguir debe ser:

  1. Historia clínica.
  2. Examen físico.
  3. Exámenes complementarios de laboratorio y radiología.

10. Historia clínica

En 1905, Moynihan estableció que se puede diagnosticar correctamente "dispepsia" en un 90 % de pacientes simplemente por la historia (hablar y leer) de los síntomas, "un 90% de los diagnósticos yacen en la historia".(8)

En 1921, Sir Zachary Cope, señaló la importancia de realizar una anamnesis y un examen fisico cuidadoso.(9)

Lo más importante en el proceso diagnóstico de un abdomen agudo es sin duda una anamnesis detallada y orientada, prevaleciendo esta sobre la alta tecnología y los diagnósticos por medios sofisticados (6, 7, 10, 11).

El diagnóstico clínico de urgencias en un abdomen agudo tiene una exactitud del 65% (12), dado que un diagnóstico incorrecto puede abocar en un alta hospitalaria no correcta o en una inadecuada intervención quirúrgica es imprescindible prestar el máximo interés en esta fase del proceso diagnóstico. Una adecuada y estructurada historia clínica puede llegar a incrementar hasta en un 10% la exactitud diagnóstica (7).

Hemos de tener en cuenta también que aproximadamente 1/3 de casos de abdomen agudo presentan formas clínicas atípicas, por ello es de suma importancia estudiar el dolor como síntoma guía seguido de otros síntomas frecuentemente asociados, y por último los antecedentes del paciente (6, 7, 10, 11, 12).

En una historia clínica correcta de un abdomen agudo, es obligatorio prestar atención y recoger (7):

  1. Datos generales:
  2. Dolor:
  3. Otros síntomas abdominales:
  4. Otros órganos:
  5. Antecedentes:

El dolor es el síntoma más importante en la patología abdominal y es frecuentemente el motivo de consulta, por tanto su análisis correcto es de sustancial importancia en el proceso diagnóstico dado que con un interrogamiento correcto se puede sospechar el diagnóstico en las ¾ partes de los casos.

Ante el interrogatorio de las características del dolor hemos de evaluar y preguntar:

  1. Localización: Tanto al inicio del cuadro como en el momento de la exploración, es muy importante que el enfermo se señale el sitio donde le duele. La localización no obstante proporciona solo una áspera aproximación a la etiología del proceso, así se ha visto que solo en un 23% de los casos de diverticulitis el dolor se encuentra confinado al cuadrante inferior izquierdo y en un 38% de casos de colecistitis el dolor se limita al hipocondrio derecho (13). Esta localización si es significativa, sin embargo, en el caso de la apendicitis aguda, en esta, hasta un 74% de casos presentan dolor confinado a la fosa iliaca derecha en el momento de ingreso por urgencias (4, 13, 14).
  2. Duración: Es de gran significación clínica, así un dolor de más de 48 horas de duración, se correlaciona con alta probabilidad de patología quirúrgica (2). Esto es no obstante ampliamente discutido en la literatura médica siendo en el niño y en el anciano donde esta asociación ocurre más frecuentemente.
  3. Calidad: La calidad del dolor puede tener significación clínica, así casi todos los pacientes con obstrucción intestinal se quejan de dolor cólico y una gran cantidad de pacientes con pancreatitis aguda experimentan dolor continuo (13). Sin embargo, esto es muy variable, así, un mismo proceso puede presentar diferentes calidades de dolor. En el mismo estudio, un número elevado e inesperado de enfermos con dolor cólico-intermitente fueron diagnosticados de apendicitis y perforación.
  4. Factores agravantes y atenuantes: Tos, respiración, posición, defecación y relación con la ingesta son los principales factores a evaluar.
  5. Asociaciones: El principio de dolor y su relación temporal con el desarrollo de nauseas y vómitos debe reflejarse claramente en la historia. En este sentido en una larga serie, el 100% de pacientes con apendicitis, colecistitis y obstrucción intestinal refieren dolor seguido de vómitos en contraste con un 20% y 24% con dolor abdominal no filiado y gastroenteritis respectivamente (2). Otros trabajos también apoyan este hecho, así, fiebre y los vómitos son más frecuentes con apendicitis aguda que en las otras causas de abdomen agudo (4, 15).

A pesar de lo expuesto hemos de tener en cuenta que estos síntomas asociados tiene menor utilidad que el dolor, aunque son importantes pues nos ayudan a completar el cuadro clínico, así como a confirmar o rechazar sospechas diagnósticas establecidas a partir del dolor. Hemos de considerar por tanto, la asociación del dolor con la presencia de nauseas y vómitos, anorexia, hábito intestinal (nº normal de deposiciones es variable de 3/día a 3/semana) y la presencia de sintomatología general (fiebre, astenia, mialgias, pérdida de peso, etc), urinaria y ginecológica.

A pesar de la gran variabilidad y la alta frecuencia de presentación atípica, tenemos que pensar que muchas de las enfermedades responsables del abdomen agudo, presentan síntomas indicativos con alta probabilidad de un proceso u otro (por ejemplo la triada de Charcot de una colangitis), aunque esto sigue siendo fuente de continuo debate en la literatura científica, hemos de buscar y considerar, esto síntomas guía (6, 7).

11. Examen físico

Esta historia clínica debe completarse con un examen físico combinado con pruebas básicas de laboratorio y estudios radiológicos para obtener el diagnóstico definitivo. Antes de iniciar el examen abdominal propiamente dicho, es imprescindible proceder a un análisis rápido de la situación general del enfermo, con especial atención a las funciones vitales como son: Nivel de conciencia, temperatura, nivel de nutrición e hidratación, coloración, perfusión periférica, respiración y pulso.

El examen abdominal ideal debe realizarse en un ambiente tranquilo y con el paciente en posición de decúbito supino. Es muy importante, la creación de un ambiente distendido y de confianza hacia el médico que realiza la exploración. Un ambiente enrarecido disminuye el rendimiento del examen.

Muy debatido ha sido el tema de la conveniencia o no de calmar el dolor y la ansiedad del paciente antes de realizar las exploraciones. La idea clásica de evitar la analgesia hasta que el diagnóstico esté confirmado se ha abandonado actualmente. Hoy en día se admite que los signos físicos permanecen a pesar de la administración de analgesia y sedación al enfermo ansioso. Por tanto, ante un enfermo con dolor intenso o ansiedad, se pueden adminstrar sin que ello suponga un retraso diagnóstico antiinflamatorios no esteroideos u opiáceos de corta duración (7).

Bajo estas circunstancias de tranquilidad y cofianza, debe procederse de forma sistemática y ordenada, con atención fundamental a:

Inspección

Es el primer paso de un examen abdominal y no debe de pasarse por alto dado que puede proporcionar hallazgos altamente sugestivos del proceso. Hay que prestar especial atención a:

Auscultación

Es el segundo paso de una exploración reglada, debe hacerse por tanto antes de la palpación para aumentar su rentabilidad diagnóstica (6, 7). Patologías graves específicas se asocian con los ruidos intestinales (frecuencia, amplitud y naturaleza), aunque sin duda, lo más importante de los ruidos intestinales es su evolución. Para una primera aproximación diagnóstica podemos establecer que:

Percusión

Este paso puede ser muy útil en la demostración de signos peritoneales. El simple toque producido por la percusión puede ser suficiente para obtener el signo de rebote. No obstante hay algunas situaciones como la ascitis donde la percusión tiene un papel limitado.

En la percusión vamos a apreciar fundamentalmente la presencia de timpanismo o matidez. La matidez suele relacionarse con la presencia de ascitis, por el contrario el timpanismo suele encontrarse en la obstrucción y en la perforación. Muy sugestivo de perforación es la presencia de timpanismo sobre la zona hepática estando el enfermo en posición de decúbito lateral izquierdo.

Palpación

Es el cuarto paso de un examen abdominal y a su vez es el paso más informativo del examen. No obstante Stanilad et al (13) apuntan que solo 1/3 de casos presentan dolor sobre la zona correspondiente al órgano lesionado. Aunque son muchos los datos que se pueden obtener en una palpación correcta del abdomen, hemos de prestar atención a:

Examen rectal

Es de suma importancia realizar una exploración del recto-ano-perine en busca de:

Examen genital

Imprescindible en toda exploración abdominal. Suma importancia tiene la palpación de los orificios herniarios, ya que las hernias puede producir un cuadro de abdomen agudo, sobre todo si se complican con incarceración. Un examen ginecológico debe completar la exploración.

12. Estudios de laboratorio

Las técnicas complementarias solo parecen mejorar en un 10 % la rentabilidad diagnóstica, por tanto se ha de insistir en que sigue siendo la anamnesis y la exploración física las herramientas de más rentabilidad en la valoración del abdomen agudo (2, 6, 7, 11, 14).

Los estudios de laboratorio nos ayudan no solo al diagnóstico sino que en muchos casos al tratamiento del proceso.

Serían innumerables las determinaciones de laboratorio que se pueden realizar, en urgencias y ante una abdomen agudo las de mayor rentabilidad son:

  1. Hemograma con recuento y fórmula leucocitaria.
  2. Determinación de electrolitos, glucosa, BUN y creatinina.
  3. Determinación de amilasa.
  4. Gasometria.
  5. Análisis de orina.
  6. Test de embarazo.

12.1. Hemograma

La principal indicación del recuento y fórmula leucocitaria es la diferenciación entre apendicitis aguda y dolor abdominal inespecífico. En este sentido, la leucocitosis acompaña a la apendicitis aguda en la mayoría de los casos, algo menos en colecistitis y aproximadamente en la mitad de casos de obstrucción, frente a gastroenteritis en un 43% y dolor abdominal inespecífico en un 31% (7).

Tener presente que la apendicitis en su inicio puede cursar con fórmulas normales y por otra parte gran variedad de procesos abdominales cursan con leucocitosis; como valor útil se toma 13.000 leucocitos/mm3; a partir de aquí a mayor cifra es más probable que la apendicitis se encuentre complicada, cifras mayores a 20.000/mm3, difícilmente se van a evidenciar fuera del contexto de la peritonitis (16).

Otra determinación del hemograma de suma importancia en la valoración de la patología abdominal es el hematocrito. Pacientes con sospecha de hemorragia puede precisar de determinaciones seriadas cada 20 ó 30 minutos, dado que el hematocrito tarda un tiempo en descender en las hemorragias agudas. Ante un abdomen agudo que presenta caída del hematocrito nunca hemos de olvidar al aneurisma disecante de aorta como posible responsable del cuadro clínico.

Por último otra determinación hematológica importante es el estudio de coagulación, este nos proporciona el diagnóstico y evolución de una posible coagulopatia de consumo, generalmente acompañante de infecciones intrabdominales importantes por gérmenes gramnegativos. Hemos de recordar también que uno de los principales indicadores de insuficiencia hepática es la disminución no recuperable con vitamina K de la actividad de protrombina, así como del fibrinógeno y de otros factores producidos en el hígado.

12.2. Bioquímica

La determinación de electrolitos es obviamente de suma importancia diagnóstica y terapéutica cuando aparecen vómitos o diarrea así como en los casos de acidosis metabólica.

Urea y creatinina informan acerca de la función renal, que puede alterarse por la deshidratación. Puede decirse que en la hemorragia gastrointestinal y en otros procesos que cursen con deshidratación vamos a encontrar un aumento de estas, mientras que sus valores van a estar descendidos en las enfermedades hepáticas.

La importancia de la determinación de la glucemia es debida a que forma parte de la evolución de la cetoacidosis diabética, que es una de las principales causas de abdomen agudo extraabdominal (6, 7). También es de suma importancia como factor pronóstico de la pancreatitis aguda y así mismo puede encontrarse alterada a causa de una severa enfermedad tumoral.

Muy útil es el hallazgo de acidosis metabólica con anión gap en el marco de un abdomen agudo, este hecho orienta hacia sepsis, shock, ingestión de tóxicos, cetoacidosis, fallo renal o patología vascular mesentérica.

La hiperamilasemia aunque no es exclusivo de patología pancreática a medida que el valor aumenta es más probable que se trate de patología pancreática, así valores mayores de 2.000 UI/L raramente están producidos por patología no pancreática, igualmente es importante recordar que una cifra de amilasa normal no excluye la patología pancreática; en este mismo sentido, es conveniente remarcar que el nivel de amilasa no es significativo de un diagnóstico último de pancreatitis (17), incluso su normalidad no descarta la presencia de pancreatitis, incluso grave (16, 17). Existen múltiples patologías que cursan con incrementos de la cifra de amilasa, si bien generalmente en valores intermedios (500-2000 UI/L):

12.3. Análisis de orina

Es una de las pruebas que más información nos va a aportar en la valoración de urgencias de un abdomen agudo.

Es necesario que la muestra sea tomada correctamente, para ello desechar la porción inicial y final, obteniendo la muestra del chorro medio y procediendo rápidamente a su procesamiento.

Puede proporcionar información sobre el estado hidroelectrolítico y sobre la capacidad renal de concentración urinaria.

Buscaremos la presencia de productos patológicos:

En cualquier caso el hallazgo de signos compatibles con patología urinaria, no puede nunca descartar la necesidad de laparotomia en los pacientes con signos de peritonitis (16).

13. Electrocardiograma

Dado que el dolor abdominal puede ser la manifestación de una enfermedad coronaria y a su vez el dolor torácico manifestación de una patología abdominal, es obligatorio, en toda valoración de un abdomen agudo, la realización de un ECG.

Hay que tener muy presente que la sobrecarga miocárdica que produce una enfermedad abdominal a los pacientes afectos de cardiopatía isquémica puede incrementar notablemente el trabajo miocárdico, y conducir a un cuadro isquémico. En sentido contrario los pacientes afectos de disfunción miocárdica pueden producir isquemia a nivel intestinal.

De todo ello se deriva que el infarto agudo de miocardio debe ser excluído obligatoriamente ante un cuadro de abdomen agudo (7).

Examen radiológico abdominal de urgencias

La interpretación de una radiografía de abdomen puede resultar muy complicada en el abdomen agudo; sin embargo con experiencia y una adecuada metodología puede llegar a ser un importante instrumento de apoyo diagnóstico (18).

14.1. Indicaciones para la realización de una radiografía abdominal

Existe mucha controversia sobre la necesidad o no de la realización rutinaria de una radiografía simple de abdomen en la valoración del abdomen agudo, dado que la incidencia de hallazgos diagnósticos en pacientes con auténtico abdomen agudo es baja (18). Son diversos los autores que han estudiado esta problemática.

Brener et al (2) encuentran que la radiografía de urgencia abdominal solo presenta anormalidad en un 38% y solo en 1/3 de casos ofrecieron un diagnóstico específico, y en ningún caso alteraron el diagnóstico clínico.

Mc Cook et al (19) demostraron que en pacientes con dolor abdominal inespecífico, el 98 % de las radiografías de abdomen eran negativas.

Shoemaker et al (16) apuntan que si el diagnóstico de abdomen agudo que requiere intervención quirúrgica está claro, la evaluación radiológica no es necesaria e incluso lo único que aporta es un retraso en la intervención quirúrgica y reanimación del paciente. No obstante estos mismos autores apuntan que si el diagnóstico no está claro la evaluación radiológica puede ser muy útil.

Actualmente se admite que no existe justificación para la realización de forma rutinaria de una radiografía simple de abdomen; esta está indicada ante la sospecha de (6, 18):

No todos los autores admiten su realización de forma rutinaria en las colecistopatias y en los cólicos renales, aunque sí es incluido por algunos.

14.2. Proyecciones radiológicas

Aunque no están estandarizadas, típicamente se realizan tres proyecciones abdominales:

  1. Decúbito supino.
  2. Bipedestación.
  3. Decúbitos laterales.

Comúnmente se incluye una radiografía de tórax, que puede llegar a ser muy útil pues un 8% de pacientes con abdomen agudo tienen asociadas causas o condiciones de origen torácico y hasta en un 30% las radiografías de tórax son anormales (18).

Actualmente la controversia se ha centrado sobre qué tipo de proyecciones son las oportunas realizar en un servicio de urgencias; en este sentido Mirvis et al (20) realizaron un estudio donde demostraron que la eliminación de la radiografía de abdomen en bipedestación ocasiona una disminución del coste, tiempo y exposición radiológica, sin disminución del acierto diagnóstico. Esto no es admitido de forma universal.

Semejante controversia existe en relación con la proyección torácica a realizar en un abdomen agudo. Hace ya tiempo que fue planteado que es más sensible la realización de una radiografía de tórax lateral en bipedestación que una posteroanterior (21). Hoy en día se admite que cuando existe sospecha de perforación de víscera hueca es muy beneficioso indicar una radiografía lateral de tórax en bipedestación, ya que en ocasiones existen neumoperitoneos que pasan desapercibidos en la posteroanterior de tórax y sin embargo, sí se evidencian en una lateral (22).

Respecto a las otras proyecciones, el decúbito lateral derecho no aporta información diferente respecto a las otras proyecciones y por tanto puede no ser incluido de forma rutinaria. Así mismo se puede actuar respecto a proyecciones de rayo cruzado lateral, que en determinadas patologías como la hernia ventral son útiles pero que en general son inadecuadas para la detección de neumoperitoneo o niveles hidroaéreos, y por tanto inicialmente no se encuentran indicadas (18).

Actualmente si se precisa de un estudio radiológico de urgencias las placas a solicitar deben ser(18, 22, 23):

  1. Abdomen en decúbito supino.
  2. Tórax en bipedestación (en caso de sospecha de neumoperitoneo se indicará la proyección lateral de tórax en bipedestación).
  3. En casos de mucha duda diagnóstica se puede recurrir a la proyección en decúbito lateral izquierdo con rayo horizontal (visualización de aire entre la pared abdominal y el borde hepático).

Otro aspecto de sumo interés es el uso de contraste radiológico (sulfato de bario) en el abdomen agudo. Tradicionalmente su uso en la valoración del abdomen agudo ha sido muy limitada. Con la práctica se ha demostrado que en casos de obstrucción de intestino delgado no existe ningún inconveniente, incluso en pacientes con dudas diagnósticas y que no requieren una intervención quirúrgica inmediata son extremadamente útiles. Tras la introducción de los contrastes hidrosolubles yodados, este tipo de técnicas han alcanzado mayor difusión en urgencias. Su indicación fundamental es la diferenciación del ileo mecánico del adinámico (24).

En colon se prefiere la realización de un enema opaco. En general se admite que las indicaciones para la realización de un enema opaco de urgencias son ante dudas diagnósticas de(18):

  1. Sospecha de invaginación intestinal.
  2. Sospecha de vólvulo.
  3. Obstrucción intestinal larga.
  4. Apendicitis (ausencia de visualización del apéndice al rellenar el colon de contraste).

14.3. Semiología radiológica

Ante una radiografía simple de abdomen, hemos de evaluar la presencia de diversas anormalidades (25):

  1. ALTERACIONES DEL PATRON AEREO:
  2. MASAS ABDOMINALES
  3. CALCIFICACIONES

La semiología radiológica de los principales cuadros clínicos es:

14.3.1. Ileo mecánico

Los signos radiológicos de una obstrucción intestinal simple son:

La estrangulación constituye una forma especial de obstrucción intestinal caracterizada por la existencia de un compromiso vascular del asa afecta. Es muy difícil realizar un diagnóstico diferencial radiológico entre la estrangulación y la obstrucción simple, y este se basa en signos muy inespecíficos, como la ausencia de válvulas conniventes en la estrangulación.

Otro tipo especial de ileo mecánico es el ileo biliar, generado por el paso de un cálculo a luz intestinal, generalmente por una fístula bilioentérica, habitualmente a nivel duodenal. El cálculo suele enclavarse y producir obstrucción intestinal a nivel de yeyuno o ileon. Este tipo de obstrucción se caracteriza por el hallazgo radiológico de Aerobilia (presencia de aire en vía biliar) que se considera patognomónico de ileo biliar, y la visualización del cálculo enclavado en la luz intestinal.

A nivel de colon la obstrucción intestinal suele deberse a carcinomas, diverticulitis o vólvulos, predominando en el lado izquierdo. La semiología radiológica de la obstrucción colónica depende de la competencia o no de la válvula ileocecal:

  1. Válvula competente: Dilatación de todo el colon en especial del ciego con ausencia de gas a nivel de intestino delgado.
  2. Válvula incompetente: Distensión de colon e intestino delgado con escaso dilatación cecal.

14.3.2. Ileo paralítico

Proceso obstructivo intestinal caracterizado por la ausencia de obstrucción mecánica alguna, a pesar de lo cual el contenido intestinal no progresa distalmente por una alteración de la actividad motora.

Radiológicamente se caracteriza por la presencia de una gran cantidad de gas y líquido tanto a nivel de intestino delgado como de colon, con asas uniformemente dilatadas, siendo muy característico la presencia en este tipo de ileo la dilatación gástrica (25).

Una forma especial de este tipo de ileo son las formas localizadas caracterizadas por la presencia de la denominada "asa centinela", consistente en una dilatación de una asa condicionada por un proceso inflamatorio de vecindad.

A nivel de colon origina el denominado Megacolon no obstructivo consistente en una distensión de colon derecho y transverso (en especial ciego) con poco aire a nivel de rectosigma. Generalmente este tipo requiere la realización de un enema opaco para su diferenciación de la obstrucción colonica.

14.3.3. Vólvulos

Consisten en torsiones sobre sí misma de un asa, suelen predominar en colon, los dos más frecuentes y típicos en la práctica clínica habitual son:

14.3.4. Neumoperitoneo

El neumoperitoneo o presencia de gas libre en la cavidad peritoneal, suele asociarse a perforación de víscera hueca, siendo excepcional que responda a causas no quirúrgicas.

El aire libre en la cavidad peritoneal es fácilmente demostrable en una radiografía de tórax en bipedestación, mejor si es lateral que posteroanterior (22), donde se evidencia como una radiolucencia (negro) inmediatamente por debajo de las cúpulas diafragmáticas. En caso de que el sujeto no pueda ponerse en bipedestación la proyección radiológica de elección es una placa de abdomen en decúbito lateral Izquierdo con rayo horizontal, que nos pone de manifiesto la presencia de aire (negro) entre el borde lateral del hígado y la pared abdominal. El abdomen en decúbito supino carece prácticamente de utilidad, pues el aire se disipa entre las asas intestinales.

En niños el neumoperitoneo se manifiesta por una radiotrasparencia generalizada en todo el abdomen, dato conocido como "signo de la pelota de rugby".

14.3.5. Abscesos

En una radiografía simple de abdomen la presencia de un absceso intrabdominal se evalúa por la presencia de gas fuera del tracto digestivo, generalmente presenta un nivel hidroaéreo. Para obtener el diagnóstico de certeza suelen requerirse técnicas complementarias (ECO, TC) (25).

Una forma particular es la colecistitis enfisematosa, consistente en una afectación vesicular por gérmenes productores de gas, lo cual se traduce en una radiografía simple en aire en el interior de la vesícula y en las propias paredes de ésta.

14.3.6. Gas en el árbol vascular

Lo más importante es determinar la presencia de gas dentro del sistema portal. En lactantes su causa fundamental es la enterocolitis necrotizante. En adultos puede responder a una oclusión de los vasos mesentéricos o a una obstrucción intestinal, pero el denominador común es la sepsis.

14.3.7. Neumatosis intestinal

Consiste en la presencia de gas en la pared del intestino en forma de múltiples burbujas paralelas a la luz intestinal. Puede asociarse a neumoperitoneo.

Aparte de las formas primarias, en general su presencia debe hacernos sospechar enterocolitis necrotizante en lactantes y enfermedades vasculares intestinales en adultos.

14.3.8. Masas intrabdominales

Se presentan en la radiografía simple como imágenes de densidad agua que puede ocasionar desplazamiento y/o borramiento del contorno de las estructuras adyacentes. En la actualidad ante estos hallazgos en una placa simple está indicada la realización de exploraciones más sofisticadas como ECO y/o TC.

El Teratoma ovárico, es una masa cuyo diagnóstico puede establecerse fácilmente por una placa simple pues nos aparece como una imagen de densidad grasa con "calcificaciones con aspecto de diente" en su interior.

Hemos de considerar que estructuras normales como el fundus gástrico o la vejiga llenos de líquido pueden simular masas, así mismo hemos de tener en cuenta los aumentos de tamaño de vísceras normales (hepatomegalia y/o esplenomegalia).

14.3.9. Calcificaciones

Son hallazgos muy frecuentes, que la mayoría de las veces carecen de significación clínica, aunque en ocasiones pueden presentar importancia patológica, sobre todo si aparecen en órganos intrabdominales (hígado, bazo y páncreas). Generalmente suelen corresponder a granulomas y en el caso del páncreas suelen ser indicativas de pancreatitis crónica.

14.4. Ecografía abdominal

Es grande la controversia existente sobre la rentabilidad diagnóstica de la ecografía abdominal en un exámen de urgencias. Algunos autores encuentran que la ecografía en el contexto del abdomen agudo es raramente de ayuda, con la posible excepción de la apendicitis, el abdomen agudo de origen ginecologico y la invaginación intestinal (26, 27, 28).

La principal ventaja de la ECO es el hecho de ser inocua y realizable incluso en el embarazo, aunque tiene el inconveniente de precisar de un radiólogo experto (26).

Actualmente se indica una ecografía de urgencias ante la sospecha de:

Las principales patologías y hallazgos de una ecografía se pueden resumir en:

14.4.1. Colecistitis aguda

Actualmente la precisión diagnostica de la ecografía en la colecistitis aguda es del 95-99% (29, 30, 31).

Los criterios diagnósticos ecográficos de una colecistitis aguda son(32):

Un dato muy importante es la ausencia de visualización de la vesicula, hecho que ocurre en un 8-18% de los pacientes y se acompaña de colelitiasis en un 88-100% de los casos (31, 33).

Los dos principales inconvenientes de la ecografía en el seno de la colecistitis aguda es que el diagnóstico de ésta depende estrechamente de la experimentación del radiólogo y en segundo lugar, no es valida para ver cálculos en cístico. A esto podríamos sumar una tercera consistente en que ninguno de los datos ecográficos son específicos de colecistitis aguda (34).

A pesar de todo lo expuesto, actualmente la ecografía es una exploración no invasiva, que debe realizarse sistemáticamente en todos los pacientes con sospecha de colecistitis aguda (35).

14.4.2. Pancreatitis aguda

Los cambios morfológicos típicos del páncreas agudo consisten en un agrandamiento con disminución de la ecogenidad, contornos suaves y aumento de transmisión. No obstante el páncreas puede resultar normal hasta en un 29-40 % de casos de pancreatitis al estudiarlo por ECO (36, 37).

Hemos de tener en cuenta que la inflamación pacreática es visible por ECO en el 62% mientras que por TC hasta en el 98%, siendo por tanto ésta última mucho más resolutiva (36). No obstante, alrededor de la tercera parte de los pacientes con pancreatitis aguda no manifiestan anomalías en TC (37).

14.4.3. Traumatismo abdominal

La máxima utilidad de una ecografía en la valoración de un traumatismo abdominal, se produce en aquellos centros donde no es posible la realización de un TAC (38).

Tanto los hematomas intraparenquimatosos como la rotura de vísceras (hígado y bazo) con el consiguiente desarrollo de hemoperitoneo, son fácilmente detectables por eco.

14.4.4. Masas

Desde un punto de vista ecográfico las masas se clasifican en(39):

  1. LIQUIDAS: Contornos bien definidos con ausencia de ecos en su interior y presencia de refuerzo posterior.
  2. SOLIDAS: Contornos bien o mal definidos, ecos en su interior, ausencia de refuerzo posterior.
  3. COMPLEJAS: Mezcla de los anteriores en mayor o menor proporción.

14.5. Tomografía computarizada

En la actualidad la TC es considerada como la prueba diagnóstica más específica de la patología abdominal (16), considerando aisladamente los métodos a nuestro alcance, es sin duda, la que aporta mayor información (40).

A pesar de esto hemos de considerarla una herramienta más de trabajo y por tanto, dadas sus desventajas, no debe realizarse de forma indiscriminada, debiendo indicarse en función de la sospecha clínica o de los hallazgos por técnicas más sencillas.

Para incrementar su capacidad diagnóstica se recurre al uso de contrastes radiológicos, orales para opacificidad de la luz intestinal o intravenosos para el estudio de los vasos intrabdominales y la vía urinaria, que deberán emplearse, salvo excepciones, en todos los casos(40).

Antes de indicar una TC, hemos de plantearnos las posibles desventajas que conlleva, e individualizar cada caso. Analizaremos que:

  1. El paciente precisa ser transportado hasta la sala de TAC. Si se trata de un paciente en estado crítico, la posible reanimación puede resultar muy complicada, por lo que es imprescindible valorar el binomio riesgo-posible beneficio.
  2. No es demasiado sensible para detectar anormalidades del tracto gastrointestinal y por lo tanto a veces no permite detectar causas importantes de peritonitis.
  3. Exposición del enfermo a radiación ionizante.
  4. Alto coste.
  5. Necesidad de contar con un radiólogo experto.

A pesar de estas limitaciones, la TC sigue siendo muy importante en la valoración de ciertos tipo de abdomen agudo. Se encuentra totalmente indicada su realización de urgencias ante:

Las principales entidades abdominales que en urgencias van a precisar de la realización de una TC, se pueden resumir a:

14.5.1. Traumatismo abdominal

La TC constituye la técnica de elección en el estudio del traumatismo abdominal (41), ya que permite la correcta valoración de las vísceras abdominales, especialmente hígado y bazo. Además facilita el tratamiento conservador de este tipo de pacientes. Los hallazgos son variables, destacando como lesiones viscerales más importantes:

14.5.2. Pancreatitis aguda

La TC desempeña en la actualidad un papel primordial en la evaluación y control evolutivo de la pancreatitis aguda (42).

Las principales indicaciones para la realización de la TC en la pancreatitis aguda son (43):

  1. Duda diagnóstica.
  2. Valoración de la gravedad y detección de complicaciones en las pancreatitis de mal pronóstico ( > 3 criterios de Ramson).
  3. Como guía para el drenaje de colecciones.

Los principales hallazgos a valorar son:

14.5.3. Abscesos y colecciones

La mayoría de las colecciones intrabdominales responden a abscesos postquirúrgicos o secundarios a enfermedades inflamatorias intestinales. La TC permite en estos casos no solo establecer el diagnóstico y localización , sino que también permite establecer un tratamiento mediante el drenaje percutáneo.

14.5.4. Isquemia intestinal

La TC es un método muy fiable en el diagnóstico de la isquemia intestinal, particularmente en enfermos con dolor abdominal inespecífico o no filiado. Ante la sospecha de isquemia intestinal, debe realizarse un TC (44), valorando:

  1. Cambios parietales: Dilatación de asas y engrosamiento parietal con doble contorno de la pared intestinal. Presencia de aire mural.
  2. Signos vasculares:
  3. Signos mesentéricos:

15. Otros exámenes en la valoración de un abdomen agudo en urgencias

15.1. Paracentesis

La paracentesis es un método fácil de realizar, que puede aportar mucha información en pacientes con ascitis.

Sus principales aplicaciones consisten en:

  1. Determinación exacta de la etiología, con especial valoración de la existencia o no de infección.
  2. Evacuación de grandes volúmenes ascíticos; esta situación cada vez de menor relevancia por el uso generalizado de diuréticos, cobra especial trascendencia en dos situaciones (45):

15.1.1. Técnica

Al plantearnos la práctica de una paracentesis, hemos de tener en cuenta siempre:

  1. Es imprescindible proceder previamente al sondaje vesical.
  2. Tener un estudio de coagulación normal.
  3. Tener canalizada una vía venosa.
  4. Enfermo en posición adecuada: Si el enfermo está en situación hemodinámica inestable se realiza en decúbito supino, si está estable facilita la punción la incorporación hacia adelante y abajo.
  5. Sitio de punción: Cuadrante inferior izquierdo, lateral al recto abdominal, infraumbilical en la línea medio clavicular.

La punción se puede realizar por diversas técnicas:

En el líquido ascítico obtenido, hemos de solicitar:

15.1.2. Complicaciones

15.2. Lavado peritoneal diagnóstico

En la actualidad el lavado peritoneal ha desplazado a todas las demás técnicas en el estudio del hemoperitoneo (45).

15.2.1. Indicaciones

15.2.2. Contraindicaciones

Actualmente se consideran contraindicaciones relativas:

15.2.3. Complicaciones

En general es una técnica muy segura, aunque en ocasiones pueden aparecer complicaciones del tipo:

15.2.4. Desventajas

15.2.5. Técnica

Actualmente la técnica de elección es la cerrada (45). Consiste en la colocación de un pequeño catéter (kits comerciales) en el interior de la cavidad peritoneal y posteriormente proceder a aspiración con una jeringuilla de 10 cc. Si con esta aspiración no se consigue extraer líquido se introducen unos 300-500 cc. de suero fisiológico, con posterior extracción por caída libre. La zona de punción más adecuada es la unión del tercio superior con los dos tercios restantes de la línea que une el ombligo con la sínfisis del pubis.

15.2.6. Interpretación de resultados(45)

15.3. Laparoscopia

Es una técnica de utilización variable en los diversos centros, dado que de entrada precisa de un cirujano experto en dicha realización; no obstante al ser posible su realización en la propia unidad de urgencias o unidad de cuidados intensivos, hace que ésta técnica sea especialmente atrayente en pacientes en estado crítico (16).

No obstante, es una técnica que donde básicamente ha demostrado su mayor utilidad es en la patología ginecológica, donde la laparoscopia temprana mejora la precisión diagnóstica y determina exactamente la severidad de la enfermedad mejorando el pronóstico respecto a la fertilidad futura (46).

Otro campo donde la laparoscopia ha sido introducida es la evaluación de pacientes ancianos con el fín de evitar laparotomías innecesarias. Así la laparoscopia es capaz de aclarar hasta un 86% de diagnósticos dudosos y previene laparotomías innecesarias hasta en un 57% de casos en los que es usada (47, 48).

En general hoy en día es una técnica en expansión. Respecto a su utilidad en urgencias en el caso del abdomen agudo, esta técnica facilita el diagnóstico y tratamiento en caso de(48):/p

No hemos de olvidar que la laparoscopia es una técnica que presenta sus inconvenientes como es la necesidad de personal experto, y que en la técnica en sí se procede a la introducción de gas en el abdomen lo cual produce distensión abdominal que puede comprometer la función cardiorrespiratoria de determinados pacientes.

15.4. Laparotomía

La laparotomía temprana es esencial para un paciente con dolor abdominal que requiere intervención quirúrgica de urgencias, aunque en muchas ocasiones es preferible proceder a un tratamiento preoperatorio de reanimación. Este retraso es variable y contradictorio, y en todo caso debe ser individualizado, dado que un retraso excesivo produce un aumento de tiempo de hemorragia, obstrucción o infección, mientras que una intervención quirúrgica sin demasiada demora puede disminuir al mortalidad operatoria (16, 49).

Desde un punto de vista puramente quirúrgico, los trastornos abdominales agudos pueden clasificarse en tres grandes grupos:

  1. Los que requieren cirugía temprana con reanimación realizada lo antes posible. En esta categoría incluiríamos el trauma abdominal, la rotura de un aneurisma aórtico, la necrosis mesentérica, la ruptura de un embarazo ectópico, la obstrucción intestinal, la perforación de víscera hueca y el megacolon tóxico.
  2. Pacientes que se beneficiarían de un periodo de tratamiento médico preoperatorio intensivo. Incluiríamos en este capítulo generalmente a enfermos con enfermedades subyacentes importantes, a niños y ancianos (donde la incidencia de patología quirúrgica es especialmente elevada (50)), y pacientes con peritonitis generalizada, obstrucción intestinal o abscesos intrabdominales en estado crítico.
  3. Pacientes que se tratan mejor sin cirugía. En esta categoría incluiríamos la pancreatitis aguda, la obstrucción no mecánica de intestino delgado (excepto que presente fiebre o leucocitosis) y pacientes que presentan una patología no subsidiaria de cirugía.

Un aspecto destacable es que en ocasiones existen dudas sobre la naturaleza quirúrgica o no del proceso, en estos casos una laparotomía exploradora puede aclarar el diagnóstico y se encuentra totalmente indicada (16).

Siempre hemos de tener en cuenta que ante la duda de una posible patología que requiera cirugía de urgencia y que de ella dependa la supervivencia del sujeto hay que "abrir la barriga".

16. Diagnóstico diferencial de las principales causas de abdomen agudo

16.1. Apendicitis aguda

Se caracteriza por una inflamación, generalmente de causa infecciosa, que suele presentarse en adultos jóvenes (10-29 años), con igualdad en ambos sexos, y parece que hay una predisposición familiar, aunque no se conoce el motivo.

El cuadro doloroso típico de la apendicitis, se caracteriza por:

  1. Ser cambiante de localización, iniciándose periumbilical, para posteriormente terminar localizándose en la fosa iliaca derecha (74%); en el resto de casos tiene una localización en la mitad inferior del abdomen o bien central. Un dolor que inicialmente comienza en el cuadrante inferior derecho y no cambia de localización, es menos probable que se trata de apendicitis (4).
  2. Tiende a ser focal, es decir más intenso en una determinada zona, a diferencia de los cuadros de dolor abdominal inespecífico, en que suele ser más difuso.
  3. No se irradia a región lumbar, a diferencia del dolor de origen urológico.
  4. Los movimientos y la tos, aumentan el dolor de la apendicitis, mientras que mantienen indiferente al dolor abdominal inespecífico.
  5. La calidad del dolor puede ser variable, habitualmente al comienzo es cólico y después se hace constante. Es muy raro que un dolor intermitente se trate de una apendicitis.
  6. La presencia de manifestaciones asociadas, como náuseas y vómitos es muy frecuente, incluso más que en otras causas de abdomen agudo (4, 5, 14, 15), no obstante su presencia no es indicativo de apendicitis, aunque su ausencia es rara si se trata de una auténtica apendicitis. Con frecuencia presentan estreñimiento de unas 48 horas de evolución, pero también pueden presentar diarreas (10%). Pueden aparecer trastornos en la micción (15%) porque el apéndice inflamado irrite el uréter vecino. En ocasiones los síntomas asociados son más importantes que el dolor, como sucede en pacientes de edad avanzada y en niños pequeños.
  7. La presencia de episodios de dolor abdominal similares al actual es un dato en contra de la apendicitis.
  8. La perforación del apéndice es más frecuente en pacientes muy jóvenes y de edad más avanzada. Generalmente cuando el apéndice se encuentra perforado aparecerán signos de alteración del estado general, con palidez cutánea, fiebre alta, taquicardia y leucocitosis.

Aunque con frecuencia se extirpa el apéndice al practicar una laparotomia por otro motivo, no se debe de deducir que en todo paciente intervenido previamente se haya extirpado el apéndice. Raramente se puede haber practicado una apendicectomia parcial y volver a presentar un nuevo cuadro de apendicits, pero cuando el cuadro clínico es clásico, la intervención quirúrgica previa no excluye el diagnóstico.

En el resto de la exploración general presenta escaso valor, suele haber fiebre y leucocitosis junto con una sensación de enfermedad importante con congestión facial y dolor abdominal intenso. En la exploración abdominal ya hemos señalado que lo más frecuente es su localización en la fosa iliaca derecha, pero en ocasiones, puede presentarse como un cuadro de peritonitis generalizada, aunque esto es más raro. La defensa muscular y el rebote favorecen el diagnóstico, y aunque su ausencia suele indicar cuadros inespecíficos, en estos también pueden aparecer (21 %).

El tacto rectal produce un aumento del dolor abdominal al palpar el lado derecho del recto (25 %), pero tendrá valor solamente si la palpación del izquierdo es indolora (4).

El diagnóstico diferencial más importante se deberá de realizar con el dolor abdominal inespecífico (Tabla 1). Debemos de tener siempre presente que no existe ningún signo clínico ni en la exploración física que permita realizar un diagnóstico totalmente seguro de apendicitis.

En el diagnóstico de la apendicitis aguda, las exploraciones complementarias, carecen prácticamente de utilidad.

16.2. Colecistitis aguda

Cuando en el diagnóstico de un adulto con dolor abdominal agudo se ha excluido la apendicitis aguda, la enfermedad quirúrgica más frecuente es la colecistitis aguda (6).

El 90% de los pacientes con colecistitis aguda tienen litiasis biliar, pero solo entre un 3-10% de los pacientes con litiasis biliar desarrollan colecistitis.(1, 3, 5, 6, 7)

Es más frecuente en la mujer, sobre todo entre los 60 - 70 años.

Cuando un paciente se presenta con dolor localizado en el hipocondrio derecho, el diagnóstico inicial será de colecistitis, pero este cuadro típico solamente aparece en la mitad de los pacientes; en el resto, el dolor se localiza en la mitad superior del abdomen, más vago y generalmente difuso. En estos casos es menos probable que se trate de colecistitis, aunque se tendrá presente en el diagnóstico diferencial.

Hay una serie de características que nos ayudan al diagnóstico como son Murphy +, antecedentes recientes de cólicos biliares, fluctuaciones en la intensidad del dolor aunque tiende a ser muy agudo, recurrente, con intervalos asintomáticos de una o dos horas. Con frecuencia estos pacientes tienen antecedentes de indigestiones, dispepsia flatulenta, mala tolerancia a las comidas grasas (aunque estos antecedentes son comunes a otras patologías abdominales), también es frecuente que refieran episodios previos de dolor abdominal de características similares. La presencia de ictericia con coluria (20%), puede ser de ayuda, aunque su presencia es poco frecuente, y a su vez pueden aparecer en otros cuadros.

En la exploración del paciente, inicialmente destaca el aspecto angustiado y de sufrimiento del paciente, con dolor agudo, palidez y sudoración, en ocasiones incluso cianosis en pacientes ancianos con aumento del dolor con la respiración. La ictericia cuando está presente (20%) solo es evidente en las escleras. Muy llamativo es que el paciente suele permanecer inmóvil en decúbito supino, dado que los movimientos producen un aumento del dolor; asímismo la movilidad abdominal está reducida, sobre todo en la porción superior derecha del abdomen.

La palpación del abdomen es dolorosa, especialmente en hipocondrio derecho. Si esto es negativo es poco probable que se trate de una colecistitis (6, 7). El resto de los signos físicos de la exploración abdominal son menos importantes que la localización del dolor.

Respecto a las pruebas radiológicas, la importancia de la radiografía simple de abdomen viene determinada por la exclusión de otras causas de abdomen agudo. La ecografía por el contrario es de suma importancia y dada su inocuidad debe indicarse siempre que se sospeche una colecistitis aguda (35).

El diagnóstico diferencial hay que realizarlo con casi todos los procesos intraabdominales que producen dolor agudo, pero lo que pueden producir confusión y dudas diagnósticas son los siguientes:

16.2.1. Colecistitis versus apendicitis

En niños y pacientes jóvenes el dolor estará más probablemente causado por apendicitits mientras que en el anciano es más probable la colecistitis. En la edad madura, el dolor difuso puede ser de más dificil diagnostico:

16.2.2. Colecistitis versus dispepsia simple

En pacientes jóvenes, con antecedentes de dispepsias, pueden producirse agudizaciones, en ocasiones muy dificultosas de diferenciar de una colecistitis. Estos llegan al hospital con un aspecto de menor afectación y un dolor menos intenso, es decir, no impresionan de enfermedad grave, a diferencia de los afectos de colecistitis.

Las dispepsias, suelen producir dolor difuso, no localizado, y cuando este se localiza es más frecuente en epigastrio, siendo la palpación dolorosa de forma no localizada (13).

16.2.3. Colecistitis versus pancreatitis

Con la clínica no es posible diferenciar entre ambos procesos. La presencia de hiperamilasemia orienta el diagnostico hacia la pancreatitis.

El diagnóstico preciso de la colecistitis es de gran importancia, ya que se recomienda la cirugía en las primeras 48 horas.

16.3. Ulcus péptico perforado

Su incidencia ha disminuido considerablemente. Es más frecuente en hombres (4:1), entre 40-60 años de edad, aunque también puede producirse en jóvenes (4%) y ancianos (20%). No necesariamente el paciente tiene una historia ulcerosa previa conocida. Suele tratarse en la mayoría de los casos de ulceras duodenales (4:1).

Se trata de un dolor brusco (90%), repentino en segundos o minutos, definido como "en puñalada". Un dato llamativo es que estos pacientes generalmente recuerdan perfectamente lo que estaban haciendo cuando comenzó el dolor.

El dolor es de características contínuas, aumentando mucho con la respiración y los movimientos, hasta el punto que si el paciente puede realizar movimientos es muy poco probable que se trata de una úlcera perforada. Inicialmente suele localizarse en epigastrio o en la mitad superior de abdomen, cuando el paciente llega al hospital el dolor suele ser difuso en todo el abdomen. Cuando la perforación es pequeña, puede quedar localizado. Otras localizaciones son más infrecuentes, aunque en ocasiones se localiza en el cuadrante inferior derecho, por deslizamiento del contenido gastroduodenal por el espacio paracólico derecho (3%). En este tipo de abdomen agudo, los síntomas asociados son menos frecuentes. Especial atención ha recibido en la literatura la relación con la ingesta del dolor del ulcus duodenal: así clásicamente se considera como un dato guía la recurrencia del dolor tras 2 horas postingesta, pero este dato debe ser considerado como insignificante en el proceso diagnóstico (7).

En la exploración destaca la gran sensación de enfermedad que provoca el enfermo, que se encuentra angustiado, pálido, sudoroso y taquicárdico, en posición inmóvil. El abdomen se encuentra inmóvil y plano, la distensión abdominal es propia de otros procesos o de una perforación muy evolucionada (13). La palpación es dolorosa de forma difusa (3/4) o bien localizada en la mitad superior (1/4); la localización a otros niveles es propia de otras patologías. En general presenta un "abdomen en tabla" que impide otros hallazgos. La auscultación es poco útil, pues los ruidos peristálticos suelen estar presentes en la mitad de casos.

En la radiología simple se puede apreciar la presencia de neumoperitoneo. Es aconsejable que el enfermo esté unos minutos en bipedestación o sentado con la finalidad de facilitar el ascenso de aire a la región subdiafragmáitca.

Los principales cuadros a diferenciar con la perforación son:

16.3.1. Perforación versus apendicitis

Cuando una apendicitis se perfora el cuadro clínico es similar a un ulcus perforado. En general la peritonitis generalizada produce el mismo cuadro clínico, independientemente de la causa.

Hay una serie de datos que nos pueden orientar sobre cual es la causa de la peritonitis; así, por debajo de los 40 años de edad la causa suele ser la apendicitis, que a su vez no suele ser de inicio tan brusco sino más gradual.

16.3.2. Perforación versus dispepsia

En ocasiones puede ser difícil diferenciar si se trata de una ulcera péptica agudizada o perforada. Durante el brote ulceroso el dolor suele ser intermitente, calma con antiácidos, no se modifica con la respiración, ni con los movimientos.

16.4. Pancreatitis aguda

Sus dos principales causas son la etílica, más frecuente en varones de mediana edad y la litiasis biliar, más frecuente en mujeres entre 65-70 años de edad. El conocer la etiología de una pancreatitis puede resultar trascendental, dado que las formas secundarias a litiasis pueden necesitar cirugía urgente con el fin de drenar la vía biliar.

El dolor se localiza en epigastrio, de características continuas, con irradiación "en barra" o "en cinturón" en dirección a hipocondrio izquierdo y espalda. Puede llegar a ser muy intenso, aumentando con los movimientos, (20%) y confundirnos con una perforación. Otras veces es cólico o intermitente. El dolor suele asociarse a vómitos reiterados y en ocasiones a antecedentes de cólicos biliares.

Estos pacientes muestran un importante estado de malestar general con gran sensación subjetiva de gravedad (7). El paciente puede aparecer incluso en estado de shock, aunque estas características, también pueden presentarse en el caso de perforación.

En la exploración abdominal destaca en contraposición con la perforación, la ausencia de contractura, rebote o inmovilidad con la respiración. El peristaltismo suele ser normal; en un tercio de casos se encuentra disminuido.

Ya se han comentado las particularidades de la determinación de amilasemia. En este apartado, solo comentaremos que la determinación de amilasa en orina y de lipasa en sangre no aporta más información en Urgencias.

Los principales diagnósticos diferenciales, se plantean con:

16.4.1. Pancreatitis aguda versus úlcera perforada

En el varon de edad madura es más frecuente la úlcera perforada, mientras que en la mujer de edad avanzada es más frecuente la pancreatitis.

El dolor de inicio brusco, inespeerado y continuo es propio de la perforación, mientras que la pancreatitis suele cursar con un dolor de inicio progresivo, con evolución cólica e intermitente. El dolor de predominio en el cuadrante superior derecho o central es más propio de la pancreatitis. Los vómitos persistentes son propios de la pancreatitis.

16.4.2. Pancreatitis litiásica y no litiásica

Cuando se ha diagnosticado una pancreatitis, podemos intentar diferenciar su etiología, deduciendo que un cuadro similar a la colecistitis pero con elevación de la amilasa se tratara de una pancreatitis litiásica, mientras que un cuadro similar a una perforación pero con un alto nivel de amilasemia se tratará de una pancreatitis no litiásica (etílica o idiopática). También nos puede ayudar el hecho de que el dolor sea más intenso en el cuadrante superior derecho, así como los antecedentes de ictericia, más propios de la litiásica; por la misma razón, cuando el dolor es generalizado suele ser no litiásica.

16.5. Trastornos intestinales

En la práctica la inmensa mayoría de los dolores abdominales tienen su origen en alteraciones intestinales, que a su vez, en una gran mayoría no suelen tener importancia y no requieren hospitalización.

16.5.1. Obstrucción de intestino delgado

Después de la apendicitis y la colecistitis, es la causa más importante de dolor abdominal agudo (6).

El dolor se localiza en la porción central del abdomen (40%), difuso (25%), mitad inferior (20%) y en un 10% en la superior. Raramente se tratará de un dolor asimétrico. Es debido a distensión intestinal, y no a la inflamación del peritoneo, por tanto los movimientos y la respiración no modifican el dolor; tienen carácter cólico y es de gran intensidad. El vómito en algunos casos concretos, puede aliviar el dolor. Es frecuente la presencia de otros síntomas intestinales asociados (vómitos y estreñimiento), y en un tercio de casos se acompaña de alteraciones del estado general. En la mitad de los casos hay antecedentes de dolor similar y el 20% ha sufrido una laparotomía previa, ya que una causa frecuente de obstrucción son la adherencias por cirugía previa.

En la exploración abdominal destaca la presencia de distensión con palpación dolorosa de forma difusa. En la auscultación, en los estadios iniciales podemos encontrar una actividad peristáltica excesiva "intestino de lucha", para posteriormente aparecer un íleo. En esta patología, es de obligado cumplimiento la exploración de los orificios herniarios, ya que uno de cada diez pacientes presenta una hernia (7). En el tacto rectal podemos encontrar heces en el recto.

16.5.2. Obstrucción de colon

Las principales causas de una obstrución colónica pueden resumirse a:

16.5.2.1. Enfermedad diverticular aguda

Es tan frecuente como la perforación de una úlcera o la pancreatitis. Afecta más a mujeres, sobre todo por encima de los 60 años de edad. Clínicamente se puede manifestar de forma muy variable, desde una peritonitis localizada (apendicitis izquierda), hasta una peritonitis generalizada.

El dolor suele localizarse en la mitad inferior del abdomen, de forma simétrica (70%); con menos frecuencia se localiza en el cuadrante inferior izquierdo. Es intermitente y tiene una duración de días. Suele acompañarse de anorexia, náuseas y vómitos. El estreñimiento es muy frecuente, siendo más rara la diarrea y la emisión de sangre por el recto (20%). Los síntomas urinarios son frecuentes, por cistitis secundaria a la inflamación de sigma.

Habitualmente se trata de pacientes ancianos, sin deterioro de su estado general, con dolor moderado, que aumenta con la palpación sobre todo de la mitad inferior o central del abdomen. El tacto rectal suele ser anodino, aunque puede aparecer moco y sangre o se puede palpar una tumoración, pero esto es poco frecuente.

16.5.2.2. Enfermedad diverticular versus obstrucción de intestino delgado

La afectación del intestino delgado es más frecuente por debajo de los 50 años, mientras que la de colon suele estar por encima de esta edad (11). La localización del dolor es de escasa ayuda, excepto cuando se localiza en fosa iliaca izquierda, más frecuente en la enfermedad diverticular. La obstrucción del delgado produce un dolor cólico acompañado de vómitos seguidos de estreñimiento, por el contrario la enfermedad diverticular tiende a ser un dolor constante y el estreñimiento aparece antes que los vómitos. La palpación de una masa en cuadrante inferior izquierdo, apoya el diagnóstico de enfermedad diverticular.

Cuando más grave y agudo es el proceso, más frecuente es que sea por afectación del intestino delgado.

16.5.2.3. Enfermedad diverticular perforada versus úlcera péptica perforada

La úlcera perforada es propia de pacientes más jóvenes. El dolor de la perforación se localiza en la porción superior del abdomen, mientras que la enfermedad diverticular afecta a la porción inferior. Los vómitos y los trastornos del hábito intestinal, son más frecuentes en la enfermedad diverticular; las indigestiones por el contrario, son más propias de la perforación de una úlcera.

En el paciente con sospecha de enfermedad diverticular aguda, se deben de realizar las siguientes exploraciones complementarias (18):

16.6. Dolor abdominal agudo en el paciente anciano

En el paciente anciano la patología tiene una frecuencia diferente y se manifiesta de diferente forma que en los pacientes más jóvenes. Esto hace que el porcentaje de diagnósticos sea más bajo y la mortalidad más alta.

La causa más frecuente de dolor abdominal quirúrgico es la colecistitis. La oclusión intestinal y la pancreatitis son cinco veces más frecuentes en el anciano que en el joven. También son mucho más frecuentes patologías que en otras edades lo son menos: enfermedad diverticular, patología vascular, herniaria y cáncer.(6, 50)

La apendicitis aguda no es rara en los ancianos, además su presentación es algo diferente, entre otras cosas porque llegan más tarde al hospital y con más frecuencia se manifiesta con perforación que puede haber provocado ya una peritonitis, lo que empeora el pronóstico (14).

Cuando se excluye la colecistitis, en los pacientes con más de 70 años, el cáncer de colon es responsable de 1 de cada 4 casos de dolor abdominal agudo; este se manifiesta como un cuadro oclusivo o por un cambio reciente del hábito intestinal.

La oclusión intestinal con frecuencia se debe a hernias; no es raro que estas no sean diagnosticadas en Urgencias, sobre todo por no ser exploradas de forma correcta.

En pacientes de más de 70 años de edad el 10 % de las causas de dolor abdominal tiene un origen vascular: infarto de miocardio, isquemia intestinal y aneurisma de aorta abdominal. Esta patología con frecuencia no es bien diagnosticada, tiene una alta mortalidad y son potencialmente tratables.

Así podemos seguir las siguientes recomendaciones:

En caso de perforación es importante para el cirujano, previo a la cirugía diferenciar si se trata del colon o es más alta. Cuando se trata del estómago o duodeno, los síntomas se refieren a la porción superior del abdomen, generalmente el cuadro tiene menos de 12 horas de evolución, y el paciente se presenta con un estado muy grave. Cuando la perforación proviene del colon, generalmente la edad del paciente es mayor, se presenta con menos sensación de gravedad y los síntomas se refieren a la mitad inferior del abdomen; con frecuencia el cuadro tiene más de 12 horas de evolución.

16.7. Dolor abdominal agudo en el niño

El considerar un apartado especial para el dolor abdominal en los niños, es debido a las peculiaridades que estos cuadros clínicos pueden presentar. Pero es en los niños menores de 10 años en donde pueden aparecer características especiales.

Las causas más frecuentes son la apendicitis y el dolor abdominal inespecífico, que juntos representan el 90 % de todos los casos. En el niño tienen importancia dos procesos: la invaginación intestinal y la patología urinaria, que si no se tratan adecuadamente pueden tener serias consecuencias.

La historia clínica y la exploración física tienen una serie de peculiaridades, puesto que, generalmente, los datos son obtenidos de los padres, por lo que la historia está cargada de muchos datos subjetivos que deben ser valorados convenientemente. En la exploración física la palpación del abdomen se realizará en último lugar.

16.7.1. Apendicitis aguda

Básicamente la presentación clínica en el niño es igual que en el adulto. Generalmente el niño llega al hospital con poca demora, así el cuadro está poco evolucionado, por lo que en muchos casos será necesario dejar al niño en observación durante unas horas, para que el cuadro clínico esté mejor definido.

Es de destacar la frecuencia con la que los niños presentan rubor facial y la asociación de síntomas urinarios a la apendicitis aguda, por lo que estos no deben de excluir la apendicitis, sino que este cuadro debe de seguir investigándose, puesto que el diagnóstico ha de basarse en el dolor y sus características y no en otros síntomas. (15)

El dolor abdominal agudo que acompaña a los procesos infecciosos de vías altas y amigdalitis con frecuencia es difícil de diferenciar de la apendicitis. Con frecuencia estos procesos se califican de linfadenitis mesentérica inespecífica, pero este diagnóstico no se puede realizar sin una laparotomia; incluso así es difícil hacer responsables a los ganglios mesentéricos de este cuadro. Cuando verdaderamente van asociados, al tratar adecuadamente la amigdalitis se controlará el cuadro abdominal.

16.7.2. Invaginación intestinal

Por la gravedad que tiene este cuadro, debemos de pensar siempre en el ante un niño con dolor abdominal. Es más frecuente en niños más pequeños, por debajo de los 2,5 años, siendo a estas edades más frecuente que la apendicitis.

El niño aparece con gran afectación de su estado general, pálido, con náuseas y vómitos. Presenta dolor central, cólico o intermitente, intenso. En las heces pueden aparecer restos de sangre y moco. La palpación es dolorosa de forma difusa; en ocasiones puede palparse una masa abdominal con forma de salchicha; el peristaltismo es anormal. La ecografia o el enema con bario son las exploraciones que confirman el diagnóstico. (28)

16.7.3. Infección urinaria

Entre el 1-2 % de los niños que acuden al hospital por dolor abdominal, este se debe a patologia urinaria, generalmente infección. Más frecuente en niñas, predominando el dolor en el hemiabdomen inferior, de forma difusa. Generalmente se acompaña de fiebre, alteraciones en la coloración de la orina y síntomas urinarios, pero todos estos pueden aparecer también en una apendicitis; esta debe investigarse especialmente si el dolor y la sensibilidad a la palpación se localizan en un punto, aunque el niño presente síntomas urinarios. La presencia de una infección de orina, no excluye otras causas de abdomen agudo, ni nos debe retrasar una laparotomía.

16.8. Dolor abdominal en la mujer joven

Es en la mujer joven donde el diagnóstico del dolor abdominal es más difícil, así el porcentaje de laparotomias negativas es más alto en este grupo.

La causa más frecuente es el dolor abdominal inespecífico, que llega a representar la mitad de los casos. La segunda causa es la apendicitis aguda (22%), seguida de la salpingitis (14%) y las infecciones urinarias (12%). (6)

En la anamnesis de estas pacientes se debe de estudiar detenidamente lo relativo a la historia obstétrica y ginecológica, menstruación, flujo vaginal y embarazos previos. Siempre hay que tener presente la posibilidad de embarazo, aunque la paciente niegue tal posibilidad o utilice dispositivos anticonceptivos.

Según la edad de la mujer tenemos que por debajo de los 20 años las causas más frecuentes de dolor abdominal en la porción inferior del abdomen son el dolor abdominal inespecífico, la apendicitis y la salpingitis. Pero entre los 20 y 40 años es más frecuente el embarazo ectópico, aborto incompleto, salpingitis y las infecciones urinarias.

La patología ginecológica produce un dolor localizado en uno de los cuadrantes inferiores del abdomen, no cambiando de lugar en su evolución (a diferencia de la apendicitis). El embarazo ectópico suele producir un dolor general o simétrico.

La irradiación extraabdominal del dolor ginecológico es de ayuda para diferenciar esta patología de la abdominal. La irradiación a la parte superior del hombro (sobre todo izquierdo) es frecuente en quistes de ovario o embarazo ectópico complicado con hemorragia. La irradiación a la región lumbosacra es más inespecífica, puede deberse a salpingitis, quistes de ovario, infecciones urinarias y aborto incompleto. Con menos frecuencia las alteraciones ginecológicas producen un dolor irradiado al muslo o ingle.

Síntomas intestinales, generales y urológicos suelen acompañar a estos tipos de patología, por lo que no son de especial ayuda.

Cuando una paciente joven con dolor abdominal en el hemiabdomen inferior acude a urgencias, con palidez, sudoración, taquicardia, incluso en estado se shock, hemos de pensar en un embarazo ectópico, aborto incompleto o un quiste ovárico sangrante.

La palpación aumenta el dolor de origen ginecológico de forma localizada; cuando este es difuso en el hemiabdomen, es menos probable que sea éste el origen. El rebote y la defensa muscular son más frecuentes en la patología abdominal, en especial si aparecen asociados, pero pueden aparecer en un 20-30 % de la patología ginecológica. El tacto rectal puede ser anormal tanto en la patolgía ginecológica como en la intraperitoneal. El examen bimanual sí tiene más interés pues la presencia de dolor al realizar movimientos en el cervix es propio de patología ginecológica (7). La ecografia y la laparoscopia son exploraciones complementarias útiles en estas pacientes (27, 46).

Ante la mínima sospecha de embarazo ectópico, se realizará un test de embarazo.

16.8.1. Diagnóstico diferencial: dolor ginecológico versus abdominal

(Ver Tabla 2)

16.8.2. Diagnóstico de la patología ginecológica

La salpingitis es el proceso ginecológico que con más frecuencia produce dolor, excepto por encima de los 40 años, cuyos problemas más frecuentes se deben a quistes de ovario. Los principales diagnósticos ginecológicos y sus diferencias quedan resumidas en la tabla 3.

16.9. Cáncer abdominal

En un tercio de los casos se manifiesta por un cuadro de obstrucción o perforación. En el resto de los casos se presenta como un dolor abdominal moderado de corta duración y que con frecuencia queda sin explicar ni diagnosticar.

Representa un 10% de las causas de abdomen agudo, y debe especialmente tenerse en cuenta en de pacientes mayores de 50 años.

La localización más frecuente es el colon, por tanto este es el primer órgano a examinar. Cuando los síntomas se refieren al abdomen superior, puede tratarse de una neoplasia gástrica, hepática o pancreática.

Los pacientes de más de 50 años que llegan a urgencias con dolor abdominal, y una vez descartada la apendicitis, colecistitis, pancreatitis o perforación, deben quedar ingresados para el despistage de una neoplasia, si presentan (6):

Si los síntomas son menos claros, debe de ser advertido el médico de familia para que realice los estudios complementarios o enviar al paciente a consulta externa de cirugía para continuar las exploraciones, pues el 10 % de estos pacientes tendrá una neoplasia abdominal que es responsable del cuadro.

16.10. Problemas del tracto urinario

En el 5% de los pacientes que acuden a Servicios de Urgencias por dolor abdominal tienen una patología de vías urinarias. El 40% de los pacientes ingresados en el hospital por dolor abdominal agudo, son ingresados en Servicios de Urología, precisando además de tratamiento urgente. En los varones predomina la litiasis renal, mientras que en mujeres suele ser la infección urinaria.

El dolor se localiza habitualmente en la región lumbar, predominando en el lado derecho. Típicamente es de características cólicas, con fases de ascenso y descenso, irradiado a la región inguinal correspondiente. Es frecuente que estos pacientes tengan antecedentes de cuadros de similares características. Este cuadro típico, suele faltar en muchas ocasiones.

En las infecciones urinarias, el cuadro no es tan típico, predominando el dolor de carácter continuo.

Los síntomas digestivos asociados (anorexia, náuseas y vómitos) son más frecuentes en la litiasis que en las infecciones urinarias. Podemos generalizar diciendo que si el dolor predomina sobre los síntomas de micción (disuria, polaquiuria y tenesmo), es más probable que se trate de un cálculo, pero si predominan los síntomas relacionados con la micción sobre el dolor es más probable que se trate de una infección urinaria.

La fiebre aparece solamente en la mitad de los casos de infección urinaria; estos pacientes con frecuencia presentan congestión facial, mientras que los afectos de litiasis renal se encuentran pálidos y con impresión de malestar.

El paciente con patología urinaria puede referir el dolor en el cuadrante inferior derecho del abdomen, pero a diferencia de la patología abdominal (apendicitis) el dolor es más difuso con ausencia de focalidad, no modificandose con los movimientos, ni la respiración, sin contractura ni rebote. Es de ayuda la palpación de la región lumbar, que con frecuencia es dolorosa en la patología urinaria (puñopercusión lumbar positiva).

Debe de tenerse en cuenta que tanto un apéndice inflamado, como un abdomen agudo ginecológico, puede producir síntomas urológicos.

Cuando se trate de una mujer en edad fértil, ante un cuadro de cólico renal, hemos de tener sumo cuidado con las indicaciones de exploraciones radiológicas, pues puede haber un embarazo inadvertido.

El análisis de orina es de ayuda diagnóstica pero los resultados no son totalmente específicos, así la presencia de hematuria puede ocasionalmente estar asociada a apendicitis u otros procesos, no necesariamente a la litiasis.

En la radiología simple de abdomen con frecuencia es difícil diferenciar un cálculo de otras opacidades intraabdominales, como flebolitos y ganglios linfáticos calcificados. En el diagnóstico de la litiasis renal sin duda la exploración de mayor valor es la urografia excretora.

En el diagnóstico diferencial el principal problema es diferenciar entre los procesos intraabdominales y la infección urinaria; es por esto que debemos ser altamente cautos ante el diagnóstico de un cólico renal o de una infección urinaria.

Recordar siempre que la presencia de una analítica compatible con una infección urinaria no nos debe impedir, ante dudas diagnósticas la realización de pruebas más agresivas, incluida la laparotomía.

16.11. Causas vasculares de abdomen agudo

16.11.1. Aneurisma de aorta abdominal roto

En las formas graves el paciente no llega con vida al hospital. Cuando la rotura es incompleta y se produce un rezumamiento de sangre, el cuadro puede ser similar a una úlcera péptica perforada o una pancreatitis.

Se trata de pacientes mayores de 50 años, con un abdomen distendido con dolor muy intenso, pulsos débiles en extremidades inferiores y un rápido deterioro hemodinámico. En la radiología simple de abdomen, con frecuencia se pueden observar los bordes del aneurisma calcificados, pero ante la sospecha está indicada la realización de una ecografía de urgencias, TC con contraste intravenoso y si es posible una aortografía (51).

16.11.2. Patología de vasos mesentéricos

Es más frecuente en pacientes mayores de 50 años, con vasculopatía generalizada. Puede presentarse de forma brusca, con dolor abdominal generalizado y gran deterioro del estado general del paciente, o de forma más insidiosa con una evolución de 24 - 48 horas, con dolor constante. En la exploración puede haber rebote y sensibilidad a la palpación, pero no contractura. Típicamente destaca la gravedad del enfermo con la escasa semiologia abdominal (51).

16.12. Patología intestinal inflamatoria

Estos pacientes pueden presentar dolor abdominal difuso, generalmente de 24-48 horas de evolución, gereralmente asociado a alteraciones en el hábito intestinal.

16.13. Diabetes mellitus

El paciente diabético descompensado puede presentar dolor abdominal y vómitos de forma similar a una pancreatitis, úlcera perforada o peritonitis, mejorando este cuadro cuando se controla la cetoacidosis.

16.14. Recomendación final

Las patología más frecuente es la que se observa con más frecuencia. Ante un caso difícil debemos de pensar inicialmente que se trata de una forma atípica de esas patologías más frecuentes; esto es más probable que la patología más rara. Si todavía no podemos diagnosticarlo y hemos realizado una historia y exploración clínica correcta debemos de pensar en causas menos frecuentes. Si no conseguimos diagnosticar al paciente debemos de pedir ayuda a otro colega y no clasificar al paciente como un caso raro pendiente de estudio.

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