ISSN: 1576-2025
Afectación
pleuropulmonar y cutánea por actinomicosis
Maceira Quintián, F.1,
Díaz Tie, M.1,
Fuentes Sorrivas, M.2
1Facultativo especialista de área
2Jefe de Servicio
Servicio de Cirugía General y Digestiva. Hospital de Monforte. España.
[Arch Cir Gen Dig, 1998 May 8 © Cirugest]
Maceira Quintián, F, Díaz Tie, M, Fuentes Sorrivas, M.
Afectación pleuropulmonar y cutánea por actinomicosis
Arch Cir Gen Dig 1998 May 8. Disponible en:
http://www.cirugest.com/revista/1998-05-08/1998-05-08.htm
La actinomicosis es una rara infección bacteriana de evolución crónica generalmente localizada, que muestra una notable tendencia a formar abscesos y fístulas cutáneas que suelen aparecer en los estadios avanzados de la enfermedad. Se puede presentar de muchas formas y en varias localizaciones, siendo clásicas las formas cervicofacial, la torácica y la abdominal. La localización pulmonar o torácica es la menos frecuente; se produce por inhalación y su diagnóstico es a veces tardío y difícil ya que requiere la realización de varias exploraciones cruentas, a menos que existan lesiones cutáneas que faciliten la obtención de muestras para cultivo. Presentamos un caso que se diagnosticó en su fase más florida y queremos llamar la atención para que se tenga un alto índice de sospecha en caso de infecciones crónicas de pared torácica o pleuropulmonares en pacientes con factores predisponentes.
Mujer de 76 años que había sido operada de un carcinoma
gástrico. Acude por presentar dolor en pared costal izquierda y tos productiva
de 8 dias de evolución con astenía, anorexia y adelgazamiento de aproximadamente
10 Kg en el ultimo mes. Presentaba mal aspecto, estaba sin fiebre y tenia dolor
a la palpación en cuadrante superoexterno de la mama izquierda con tumefacción
en esa zona. En la Rx de tórax se apreció fractura de la tecera costilla
izquierda sin verse patologia pulmonar, por lo que se pensó como primera
posibilidad diagnostica en lesión metastásica.
A los 15 dias en la RX de tórax apareció una imagen nodular de aproximadamente 1
cm en la parte media del hemitorax izquierdo.
A los 22 dias seguía con dolor intenso y había signos inflamatorios con
fluctuación en la mama izquierda compatible con absceso de mama. Se realiza
drenaje de dicho absceso y hubo que practicar una mastectomía simple de
necesidad dada la abundancia de material hemorragico-purulento y la gran
induración mamaria. La anatomía patológica informó de mastitis periductal. La Rx
de tórax post-intervención mostró un infiltrado pulmonar difuso parahiliar y
fractura costal patológica.
En el postoperatorio presentó supuración abundante y dolor intenso en hemitorax
izquierdo. Los cultivos repetidos reflejaban la existencia de una flora mixta.
Fue tratada con nutrición parenteral, analgésicos y curas en la mama sin
presentar, a pesar de las imágenes radiologicas del tórax, clínica respiratoria
evidente.
Aproximadamente un mes después de la operación se apreciaron múltiples trayectos
fistulosos con supuración a través de los espacios intercostales. En este
momento se empezó a sospechar actinomicosis. Se tomaron muestras para cultivo y
se inició tratamiento con penicilina iv apreciándose una mejoría espectacular. A
los diez dias la herida tenia un buen tejido de granulación que permitió
colocarle un injerto de piel. El crecimiento del cultivo y la identificación
como Actinomyces israelii la tuvimos al mes de la ultima toma. identificación
como Actinomyces israelii la tuvimos al mes de la ultima toma.
La actinomicosis es causada por actinomycetos que son
bacterias gram positivas y anaerobias muy parecidas a los hongos. El genero
Actinomycetes comprende varias especies de las cuales diez son las responsables
de la actinomicosis. La más frecuente es la Actinomyces israelii siendo la
Actinomyces viscosus, la Actinomyces naeslundii, la Actinomyces odontoliticus,
la Actinomyces meyeri, la Actinomyces rachnia propionica y la Bifido-bacteriun
denticun más raras(1-2).
La actinomicosis en general y la torácica en particular se diagnostica cada vez
menos debido al uso de antibióticos como penicilinas y tetraciclinas en procesos
broncopulmonares, a la mejor higiene bucodental en la población y además a la
dificultad para aislar y cultivar el actinomyces, dado que se trata de bacterias
anaerobias que precisan largo tiempo de incubación. Esto hace que al principio
no se piense en este diagnóstico; así en la serie publicada por Weese y Smith(3)
solo fue sospechada al principio en un 7 % de los casos.
El actinomyces produce, en condiciones adecuadas, una reacción inflamatoria con
presencia de masas duras que invaden por continuidad a estructuras vecinas y que
luego experimentan reblandecimiento con formación de abscesos y fistulización
por uno o varios puntos. El diagnóstico clínico se retrasa y muchas veces se
confunde con carcinoma o procesos infecciosos inespecificos o más habituales. La
demostración del actinomyces es difícil ya que al microscopio son difíciles de
ver las áreas de filamentos gram positivos, así como los "granos de azufre". De
todas formas cuando aparecen los granos amarillentos el diagnóstico ya es muy
sospechoso y el cultivo suele ser positivo aunque tardío. Los cultivos de esputo
no sirven dado que fácilmente pueden estar contaminados con flora orofaringea
que puede tener actinomicetos. Los hemocultivos tampoco suelen tener valor, a
pesar de que son posibles las metástasis sépticas.
Aproximadamente en un 50 % de los casos se encuentran factores o enfermedades
predisponentes o asociadas(4-5): alcoholismo crónico, desnutrición,
bronquitis crónica, tuberculosis antigua, mal estado bucodental,
bronquiectasias, etc. Hay casos asociados a cuerpo extraño(6), tumor
broncopulmonar(7) y tuberculosis pulmonar activa(8). La
enfermedad se produce por inhalación o aspiración del germen desde la boca. La
mayoría de las veces cursa como una neumonía de evolución crónica con perdida de
peso, fiebre, tos, dolor torácico y hemoptisis ocasional. El tiempo de evolución
hasta el diagnóstico suele ser largo, entre 3 y 12 semanas y los sintomas mas
habituales son la fiebre (75%), afectación del estado general (50%), presencia
de tumoración de pared torácica o fistulización (60%) y abscesos subcutáneos
indolentes. La forma pulmonar se disemina por via hematogena con mayor
frecuencia que otras formas debido probablemente a que con frecuencia el
diagnóstico se hace en una fase avanzada de la enfermedad y así pueden aparecer
complicaciones a distancia, extratoracicas, por metástasis sépticas en huesos,
cerebro, hígado, endocardio, etc.(6-9-10-11).
El desencadenante inicial suele ser una alteración de la barrera mucosa
(extracción dental, caries, cirugía, traumatismo, etc.) o la presencia de
enfermedades crónicas (neoplasias, infecciones, diabetes, tuberculosis,
alcoholismo, etc.). Aunque lo habitual es que aparezca la afectación costal
secundaria a una infección pulmonar previa, hay casos descritos en donde la vía
metastásica es la única explicable y con cierta frecuencia se trata de pacientes
jóvenes operados de apendicitis previamente(12).
Se localiza habitualmente en zonas de parénquima pulmonar previamente
lesionadas, en donde las condiciones de anaerobiosis permiten el crecimiento de
esta bacteria. Se inicia entonces una reacción granulomatosa que se va
extendiendo lentamente hasta alcanzar estructuras como la pleura, la pared
costal y finalmente la piel del tórax. Después de un comienzo subagudo con
fiebre no muy elevada, sudoración, afectación del estado general y tos a veces
no productiva, si se deja evolucionar pueden aparecer cavitaciones, empiemas con
posterior fistulización por los espacios intercostales, afectando a las
costillas en algunos casos y a la piel, pero también puede llegar por
continuidad al pericardio, vértebras dorsales, diafragma, espacios subfrenicos e
hígado. Las complicaciones extrapulmonares son frecuentes cuando se afecta la
pleura y secundariamente la pared torácica y la piel, más rara es la afectación
del mediastino(13-9), pericardio(14), mama(15)
y costilla (12).
Las imágenes radiologicas son variadas e inespecificas pudiendo manifestarse
como infiltrado pulmonar(16-13-9-17), lesión cavitada(13-9),
o una masa pseudotumoral que simula un carcinoma broncogenico(3-13-18),
abscesos, derrames pleurales, lesiones liticas de las estructuras óseas
adyacentes, siendo esto ultimo muy sugestivo de actinomicosis cuando se asocia a
una clínica también compatible.
El diagnóstico diferencial debe realizarse con neoplasias pulmonares,
tuberculosis y otras infecciones necrotizantes pulmonares
(micetoma,nocardiosis,botriomicosis, etc.). Los cultivos deben de hacerse
precozmente pensando en esa posibilidad y son de utilidad las secreciones
bronquiales (por broncoscopia), la biopsia transbronquial, la punción pulmonar
aspirativa de un absceso(19), liquido pleural o cualquier otra
secreción parietal. De existir, deben estudiarse al microscopio los granos de
azufre, hacer un Gram y sembrar en tioglicolato incubando en anaerobiosis
durante dos semanas por lo mínimo. En el Gram es fácil en algunos casos apreciar
filamentos positivos. La tomografia axial computarizada es útil para aclarar
lesiones ya detectadas en la radiología de tórax, bien del pulmón, de la pleura
o parietales. Las técnicas diagnosticas más invasivas se indican en enfermos que
presentan importante sintomatologia y con lesiones radiologicas severas(19).
La fibrobroncoscopia es muy útil para despistar otras enfermedades bronquiales y
para obtener material de vias respiratorias bajas o para la biopsia o punción
transbronquial. La analítica suele aportar pocos datos, solamente una VSG
elevada con anemia y leucocitosis pueden estar presentes como datos de afección
crónica. Como conclusión debemos decir que el diagnóstico de actinomicosis
torácica debería de sospecharse en pacientes con enfermedades debilitantes
previas, infecciones peridentales crónicas y que presentan un cuadro clínico de
instauración subaguda, junto con una radiografia de tórax con patología un poco
atipica. En estos casos se deberían hacer estudios y pruebas para intentar
identificar el actinomyces (anaerobiosis y durante largo periodo de incubación)
El caso que nosotros presentamos tan florido viene a demostrar que todavía se
puede llegar a ver algún caso de los que antes era frecuente que llegaran en
fase de "empiema necesitatis", con supuraciones que desde el espacio pleural en
forma de botón de camisa, traspasan el espacio intercostal y el tejido
subcutáneo fistulizando a la piel. Por ser una entidad rara pocas veces se
sospecha de su existencia, sobre todo si son posibles otras etiologias mas
frecuentes. De esta forma se han diagnosticado menos casos de los que en
realidad hay debido a que los pacientes en el ámbito extra-hospitalario reciben
tratamientos antibióticos que son efectivos y detienen la evolución de la
enfermedad, mientras que en el medio hospitalario los antibióticos que se usan a
veces no son los mas apropiados para esta infección. Cuando existen los granos
amarillentos en la supuración, el diagnóstico ya esta claro y solo falta la
confirmación microbiologica. Lo que pasa es que esto suele ser tardío. La
respuesta a la penicilina, tetraciclinas y otros antibióticos es rápida, y
definitiva a condición de que se mantengan durante largo tiempo; en las formas
graves se aconsejan tratamientos de 6 a 12 meses, disminuyendo así las recaídas.
De todas formas parece que no es fácil que se produzcan resistencias.
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