ISSN: 1576-2025
Tratamiento
videoendoscópico de la hernia inguinal
F.J. García
Molina, B. Ortegón Castellano, J.D. Franco Osorio
Hospital de Jerez. Servicio de Cirugía General y Digestiva (Dr.
Medina Díez)
Carretera Sevilla-Cádiz s/n. Jerez de la Frontera (Cádiz). España.
[Arch Cir Gen Dig, 2000 Sep 1 © Cirugest]
García Molina FJ, Ortegón Castellano B, Franco Osorio JD
Tratamiento videoendoscópico de la hernia inguinal
Arch Cir Gen Dig 2000 Sep 1. Disponible en:
http://www.cirugest.com/revista/2000-09-01/2000-09-01.htm
Una de las principales controversias de la cirugía laparoscópica se centra actualmente en el tratamiento de las hernias inguinales: ¿proporcionará esta técnica unos índices de recidivas y complicaciones como los de las técnicas abiertas?; ¿se recuperan antes los pacientes?; ¿compensará el costoso equipo técnico? Presentamos una revisión bibliográfica (MEDLINE) dirigida fundamentalmente hacia los ensayos clínicos controlados que comparan las técnicas videoendoscópicas con las convencionales. También aportamos datos de algunas de las principales series retrospectivas y de otros estudios no controlados. Hemos recogido algo más de 50 ensayos clínicos controlados basados en distintos aspectos de la herniorrafia laparoscópica, publicados desde 1994 hasta octubre de 1999. Parece que se dispone de un número suficiente con un diseño adecuado y probablemente no se necesiten más. El siguiente objetivo habría que centrarlo en un buen seguimiento prospectivo de los pacientes intervenidos laparoscópicamente. La herniorrafia videoendoscópica ha demostrado ser segura y eficaz, se han definido sus mejores indicaciones (hernias recidivadas y bilaterales fundamentalmente) y se puede conseguir una mejor relación coste-beneficio. No obstante, la curva de aprendizaje es larga, los riesgos potenciales del abordaje transabdominal son evidentes, y las técnicas no están aún totalmente estandarizadas.
El ímpetu de la cirugía videoendoscópica también ha alcanzado el terreno de la hernia inguinal y en la actualidad centra la mayor parte de la controversia en torno a la cirugía laparoscópica. Si exceptuamos sus primeros planteamientos, la hernioplastia inguinal laparoscópica se apoyaría en dos puntos de consenso para el tratamiento convencional de las hernias inguinales: la aceptación de los materiales protésicos en la reparación y la idoneidad del abordaje preperitoneal. Su utilización parece ser muy amplia aunque hay quien piensa que se extinguirá inevitablemente [1]. La dicotomía parece evidente: mientras unos cirujanos piensan que la laparoscopia no ofrece ventajas, otros defienden que la recuperación es más rápida [2]. Ha aumentado, por tanto, el debate sobre el tratamiento de la hernia inguinal planteando varias preguntas: ¿por qué ha de ser necesaria la cirugía videoendoscópica de la hernia inguinal?, ¿proporcionará esta técnica unos índices de recidivas y complicaciones tan bajos como los logrados por las técnicas abiertas?, ¿se recuperan antes los pacientes?; y si es así, ¿compensará el costoso equipo técnico? [3]
Buscar las respuestas correctas a cualquier problema quirúrgico requiere cierta predisposición para aceptar cambios y nuevas ideas, y un análisis basado en tres puntos fundamentales: 1) enseñanzas de maestros y expertos; 2) revisión bibliográfica de series personales, estudios retrospectivos y estudios controlados; y 3) la experiencia personal. El periodo de formación de todo especialista lleva implícito un carácter fiduciario que generalmente impide que cuestionemos las enseñanzas que recibimos y las aceptamos como verdad. Posteriormente esta verdad la buscamos en las opiniones de ciertos cirujanos académicos y en otros que denominamos expertos. Pero el principal problema de utilizar estas fuentes de información es el de la validación: ¿quién acredita al experto? Evidentemente, la mejor forma de encontrar las respuestas más adecuadas será analizando los estudios prospectivos y aleatorios. No obstante, la experiencia retrospectiva de series personales, honestamente expuesta, puede ser una importante fuente de datos que nos ayude a evitar los errores ya evidenciados por otros. La experiencia personal la iremos moldeando con la puesta en práctica de los datos obtenidos de la literatura; para ello es esencial permanecer abiertos a las opiniones de otros evitando el bloqueo de los paradigmas [4].
Los primeros intentos laparoscópicos se basaron en el cierre simple del anillo herniario indirecto o en su taponamiento con un plug [5][6][7] y como era de esperar, el seguimiento demostró unos índices de recidiva inaceptables (>20%) [8][9]. Rápidamente, tres procedimientos consiguieron afianzarse: el abordaje intraperitoneal con la colocación onlay de una malla sobre el peritoneo (IPOM); la plastia transabdominal preperitoneal (TAPP) y la extraperitoneal total (TEP). La primera de estas tres técnicas (IPOM) fue descrita por Toy en 1992 consolidándose por autores como Fitzgibbons y Vogt [10][11][12]. Consiste en la colocación de una malla directamente sobre el defecto herniario por vía transabdominal y el propio autor que la describió le realizó algunas modificaciones: apertura del peritoneo a nivel del ligamento de Cooper para una mejor fijación y sustitución de la malla de polipropileno por una de PTFE-e para evitar adherencias [13]. Sus fundamentos no parecen muy sólidos y son pocos los que la practican. Dos estudios controlados desaconsejan su utilización al demostrar unos índices de recidivas muy superiores a los del abordaje anterior convencional y al laparoscópico preperitoneal (TAPP) [14][15]. En los textos más recientes ni se describe y creemos que no merece más comentarios [16].
Con el paciente en decúbito supino y 15º de Trendelenburg, el monitor se sitúa en sus pies y el cirujano, generalmente, en el lado opuesto al de la hernia que se va a intervenir. Realizado el neumoperitoneo se colocan tres trocares de 10-12 mm, aunque se puede realizar con uno de este diámetro y dos de 5 mm. La óptica de 0º es adecuada y se introducirá por el trocar umbilical. El cirujano trabajará por los otros dos accesos situados a la altura del ombligo en la intersección con las líneas medioclaviculares. Antes de ejecutar cualquier otra maniobra se realiza una minuciosa inspección bilateral identificándose las referencias anatómicas: el anillo inguinal interno, el pliegue peritoneal que cubre los vasos epigástricos (ligamento umbilical lateral), los ligamentos umbilicales medial (arteria umbilical obliterada) y medio (uraco), y los vasos ilíacos situados entre los vasos gonadales y el conducto deferente o ligamento redondo. Las hernias directas surgen entre el ligamento umbilical medial y el lateral (figura 1, arriba).
Se abre el peritoneo parietal a nivel del arco aponeurótico del transverso desde la espina ilíaca anterosuperior hasta el ligamento umbilical medial, siempre por encima del orificio inguinal interno, y se desarrollan dos colgajos peritoneales craneal y caudalmente. Con el inferior se deberá incorporar el saco herniario. En caso de hernias directas esta maniobra es generalmente fácil, no así cuando se trata de una indirecta de cierto tamaño. Para ello se ejercerá una tracción de forma mantenida con una pinza mientras se diseca con otra, evitando la retracción del saco hacia el conducto inguinal. En ocasiones será más aconsejable seccionarlo a nivel del orificio inguinal interno y abandonar la porción distal. La exposición completa del conducto deferente y los vasos espermáticos (parietalización del condón) nos delimita un triángulo en cuyo fondo se encuentran los vasos ilíacos y el nervio femoral. Se identifica el ligamento de Cooper y se diseca el espacio retropúbico más allá de la línea media. Esta maniobra es muy importante, sobre todo en las hernias directas. El objetivo fundamental de la intervención será cubrir con una malla todas las zonas potenciales de herniación, esto es, el orificio miopectíneo (orificio de Fruchaud) cuyos límites son, por arriba, los músculos oblicuo menor y transverso del abdomen; lateralmente el músculo iliopsoas; medialmente el músculo recto del abdomen y el ligamento pectíneo y el hueso púbico por abajo [17] (figura 1, abajo). Para ello utilizaremos una malla con un tamaño suficiente para cubrir en exceso y sin pliegues el mencionado orificio (mínimo 15 x 10 cm y habitualmente 15 x 12 cm). El material más utilizado es el polipropileno, aunque hay quien prefiere PTFE-e [18]. Se redondearán sus esquinas y es innecesario crearle un orificio para pasar los elementos del cordón, aunque no es una opinión generalizada [19]. La fijación se puede realizar con un dispositivo de 5 mm que dispara agrafes espirales (ProTackÒ ): tubérculo púbico, ligamento de Cooper, arco aponeurótico del transverso y músculo recto. Sin embargo, un reciente ensayo clínico sobre 502 pacientes (263 TAPP con fijación versus 273 sin fijación) no encuentra necesario este tiempo quirúrgico [20]. Los nervios genitofemoral, femorocutáneo lateral e ilioinguinal están expuestos a lesiones y para disminuirlas se evitará colocar grapas lateralmente a los vasos epigástricos y por debajo del tracto iliopúbico [21][22][23]. Finalizada la plastia se prestará especial atención al cierre del peritoneo, que podrá realizarse con la grapadora o mediante sutura continua [16].
El objetivo fundamental será crear una cavidad preperitoneal a nivel del espacio retropúbico de Retzius (entre la lámina profunda de la fascia transversalis y el peritoneo). Para ello se realiza una incisión vertical de 1-2 cm inmediatamente por debajo del ombligo hasta exponer la fascia anterior del músculo recto que se abre, disecándose el espacio entre el músculo y su fascia posterior. Con un trocar romo de 10-12 mm se desarrolla este espacio con movimientos laterales, ventrales y dorsales. Se insufla CO2 hasta 10-12 mmHg y se introduce el laparoscopio (óptica de 0º) completándose la disección bajo visión directa. Este tiempo también se puede realizar con la ayuda de un trocar provisto de un balón. Una vez creado el espacio se retira el sistema trocar-balón, se coloca otro que mantenga la estanqueidad y se insufla CO2. Es importante localizar la sínfisis del pubis como primer punto de referencia manteniendo el laparoscopio en la línea media, inmediatamente posterior al músculo recto. Generalmente se colocan dos trocares adicionales de 5 mm, uno en el punto medio entre el ombligo y la sínfisis del pubis y otro más caudal justo por encima del pubis. Se identifica el ligamento de Cooper, los vasos ilíacos y seguidamente los epigástricos inferiores. El peritoneo es rechazado de forma roma hacia abajo y atrás para entrar en el espacio lateral al de Retzius (espacio de Bogros). La clave para realizar correctamente este tiempo radica en la disección de los vasos epigástricos: se deberá entrar entre la hoja profunda de la fascia transversalis, que los cubre, y el peritoneo. Si se ven los vasos epigástricos "desnudos" el plano no es el correcto. Lateralmente se diseca el músculo psoas en una longitud de 10 cm. El saco herniario deberá separarse cuidadosamente de los elementos del cordón. En caso de un saco escrotal de difícil disección, será más prudente seccionarlo y ligarlo al igual que se haría en la cirugía convencional. Finalmente se introduce la malla de polipropileno (15 x 12 cm) por el trocar de la óptica, empujándola con ella, y se coloca paralela a la disposición del peritoneo: lateralmente cubrirá la pared abdominal, se reflejará en el tracto iliopúbico y cubrirá varios centímetros del músculo psoas [16][24]. Se podrá fijar al ligamento de Cooper aunque Ferzli et al. han demostrado en un ensayo clínico que no es necesario [25].
Habitualmente se requiere anestesia general, si bien el abordaje extraperitoneal puede efectuarse con anestesia regional (epidural) en pacientes seleccionados [26][27]. No obstante, es preferible también la anestesia general para lograr una adecuada relajación muscular y poder trabajar con unas presiones de insuflación mayores [16][22].
En líneas generales, cualquier paciente adulto que pueda someterse a una anestesia general y que no presente una coagulopatía incontrolada podría ser candidato para una hernioplastia inguinal laparoscópica. Las mejores indicaciones parecen situarse en torno a los pacientes con hernias recidivadas, hernias bilaterales y en aquellos que vayan a ser intervenidos laparoscópicamente por otro motivo [2][11][23][28][29][30][31][32]. No obstante, también han sido demostradas sus ventajas en las hernias primarias unilaterales [33]. Tal vez, la circunstancia que tenga más interés práctico a la hora de considerarla como una contraindicación sea el antecedente de cirugía abdominal inferior. El riesgo de lesiones intestinales y de la vejiga que conlleva durante la disección del espacio preperitoneal (técnica extraperitoneal) ha quedado bien constatado [26]. Las hernias inguinoescrotales gigantes o irreductibles no son fáciles de manejar laparoscópicamente y sería preferible evitarlas [16][23][34].
En cualquier caso, la hernioplastia laparoscópica parece ser una cirugía "excesiva" para un paciente joven con una hernia unilateral que puede ser perfectamente intervenido bajo anestesia local o regional. Además, en los pacientes jóvenes puede ser aconsejable evitar la colocación de placas sintéticas y, por tanto, este tipo de cirugía endoscópica no sería la más indicada [22][35].
Las ventajas teóricas que ofrece el abordaje laparoscópico son la reducción del dolor postoperatorio y del periodo de incapacidad. También permite la revisión completa de ambas regiones inguinocrurales con la posibilidad de descubrir una hernia contralateral no sospechada y realizar una reparación bilateral en un solo tiempo. Crawford et al. descubren una hernia no sospechada preoperatoriamente en 64 pacientes (25%) de una serie de 253 (27 crurales y 37 contralaterales) [36]. En caso de hernias recurrentes, el abordaje endoscópico evitará la zona modificada por el proceso de cicatrización previo. El principal argumento en contra es que convierte un procedimiento quirúrgico simple que puede realizarse con anestesia local, en otro de mayor complejidad técnica, mayor duración, con unos riesgos inherentes a la violación de la cavidad abdominal (no con la técnica TEP), dependiente de anestesia general, más caro y con unos resultados a largo plazo desconocidos [35][37].
Cada vez son más las publicaciones que reflejan las ventajas de la TEP sobre la TAPP, aunque no hay estudios controlados comparándolas. La TEP parece ser la ideal por varias razones, al menos teóricas: 1) se respeta el peritoneo y con ello se disminuye la posibilidad de lesiones intestinales y vasculares; 2) no se pierde tiempo abriendo y cerrando el peritoneo; y 3) la recuperación postoperatoria podría ser más rápida y confortable. Aunque técnicamente supone un desafío mayor que la TAPP para el cirujano, con una adecuada supervisión puede superarse convenientemente la curva de aprendizaje [38]. La revisión de Crawford [35] recoge 5 series con un total de 2012 hernioplastias TAPP y 1658 TEP. La media de recurrencias fue 1’3% para la TAPP (0’2-2%) y 0’3% para la TEP (0-0’9%); y las complicaciones 4’2% (0’5-11%) versus 2’2% (0-8%) respectivamente. Cuatro trabajos más comparan ambas técnicas. Khoury [39] evalúa 60 reparaciones TAPP y 60 TEP observando como diferencias significativas un menor dolor postoperatorio y una reducción en la estancia hospitalaria a favor de la TEP. Los índices globales de complicaciones, las recidivas y la recuperación de la actividad habitual no difirieron. Los resultados de Cocks [40] (148 TAPP vs. 313 TEP) señalan como diferencia más notable una recuperación más precoz con la intervención TEP (12 vs. 19 días). Sin embargo, van Hee et al. [41] (37 TAPP vs. 69 TEP) no encontraron ninguna diferencia en este sentido entre ambas técnicas. Cohen et al. [42] con una serie de 108 TAPP frente a otra de 100 TEP tampoco encontraron diferencias significativas entre ambas técnicas, aunque destacaron en contra de la TEP la mayor dificultad técnica que impone. En cuanto al tiempo operatorio, los resultados de estas series tampoco son homogéneos, y la ventaja teórica de la TEP no se evidencia unánimemente. En definitiva, los datos no son concluyentes y la elección de una u otra técnica depende de la experiencia y preferencias personales de cada cirujano.
Los principales resultados de algunas de las series más recientes, tanto internacionales como nacionales, se presentan en las tablas 1 y 2 respectivamente. En la tabla 3 resumimos los resultados de 3 estudios multicéntricos, uno de ellos fase II [11].
| Tabla 1: Resumen de bibliografía internacional: estudios no controlados y retrospectivos. | ||||||
| Autor | Nº hernioplastias | Técnica | Tipo de Hernia Bilaterales/Recurrentes |
Complicaciones(%) | Recurrencias(%) | Seguimiento |
| Europa | ||||||
| Hernández-Richter et al. 1999 [28] | 276 | TAPP | Sólo recurrentes | 9 | 0'4 | 1 año en el 78% (seguimiento medio n.i.) |
| Memon et al. 1999 [30] | 96 | TAPP (n= 68) IPOM (n= 19) TEP (n= 8) |
Sólo recurrentes | 16'5(1) | 5'3 (2 tras IPOM y 2 tras TAPP) | Medio: 27 meses (2-56) |
| Gad et al. 1999 [32] | 105 | TAPP | Sólo recurrentes | 10'6 | 1'9 | Medio: 12 meses (4-48) |
| Leibl et al. 1998 [23] | 2700 | TAPP | 950 bil. / 463 recurr. | 4'6 | 1 | Medio: 26 meses (11-58) |
| Norteamérica | ||||||
| Weber et al. 1999 [43] | 78 | TAPP-Stoppa | Sólo bilaterales (28'5% recurr.) | 24'4 | 3'8 | n.i. |
| Frankum et al. 1999 [29] | 779 | TEP | Sólo bilaterales (n=322) y recurrentes (n=175; 40 bil. y recurr.) | 6 | 0'2 | Mmedio: 39 meses (1-60) |
| Sayad et al. 1999 [31] | 75 | TEP | Sólo recurrentes (14 bil.) | 5 | Ninguna | Medio: 40 meses (6-72) |
| Ferzli et al. 1998 [44] | 512 | TEP | 117 bil. / 54 recurrentes | 4'8 | 1'7 | Medio: 38 meses (6-66) |
| Crawford et al. 1998 [35] | 560 | TEP (93%) | 215 bilat. / 104 recurr. | 19 | 0'2 | n.i. |
| 7 series USA (1995-1998)(2) | 2188 | TEP | n.i. | 4'6 | 0'7 | n.i. |
| Swanstrom 1996 [45] | 190 | TAPP y TEP | 32 bil. / 43 recurr. | 9 | 2 | Medio: 25 meses (rango n.i.) |
| Bil.= bilaterales. Recurr.= recurrentes n.i.: no informado (1) Complicaciones mayores (2) Crawford [35] presentan en su revisión los resultados no publicadas de 7 autores de EE.UU. con la técnica TEP. Presentamos aquí los datos globales de estas series. |
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| Tabla 2: Resumen de la bibliografía española: estudios no controlados y retrospectivos. | ||||||
| Autor, Año | Serie (nº hernias / nº pacientes) | Tipo de hernioplastia | Complicaciones operatorias(%)(1) Conversiones |
Complicaciones postoperatorias(%) | Recidivas(%) | Seguimiento |
| Moreno et al. 1999 [46] | 103 / 100 | Lichtenstein (n= 50) vs. TEP (n= 53) | n.i. ninguna conversión |
18 Licht. vs. 10 TEP | 0 | 6-48 meses |
| Moreno et al. 1999 [27] | 82 / 70 | TEP | 11'4 2 conversiones |
15'7(2) | n.i. | n.i. |
| Moreno et al. 1999 [47] | 28 / 25 | TEP | 40 ninguna conversión |
16 | 0 | n.i. |
| Segura et al. 1999 [48] | 773 / 687 | TAPP | 0'9 ninguna conversión |
3'3 | 1'2 | medio: 4'1 años |
| Jardí et al. 1999 [49](3) | 24 / 18 | TAPP | 5'5 1 conversión |
16'6(4) | 8'2 | 6-18 meses |
| Feliu et al. 1999 [50](3) | 437 / 360 | Lichtenstein (n=186) vs. TEP (n=125) y TAPP (n= 126) | n.i. 4 conversiones en la TAPP 12 conversiones en la TEP |
13'4 (Lichtenstein)(5) vs. 6 (Laparoscopia) | 2'2 (Licht.) vs. 2'4 (Laparosc.) | medio: 36'5 meses |
| Feliu et al. 1999 [51](3) | 404 / 332 | IPOM (n= 60) TAPP (n= 174) TEP (n= 173) | n.i. 23 conversiones |
9'6(6) (17% IPOM vs. 7% TAPP-TEP; p< 0'05) | 2'9 | medio: 39 meses |
| Castellón et al. 1999 [52](3) | 405 / 387 | TEP | n.i. 7 conversiones |
7 | 0'8 | 1 año en el 92% |
| Octavio et al. 1999 [53](3) | 72 / 67 | TEP | 16 5 conversiones |
34(7) | 3 | n.i. |
| Serralta et al. 1999 [54](3) | n.i. / 225 | TAPP | n.i. | n.i. | 4'8 | n.i. |
| Toscano et al. 1998 [55] | 32 / 30 | TEP | n.i. 2 conversiones |
n.i. | 3'3 | n.i. |
| Revuelta et al. 1997 [56] | 97 / 76 | TEP | n.i. 4 conversiones |
14'5 | 1 | 6-30 meses |
| Laporte et al. 1996 [57] | 202 / 159 | TAPP | 15 ninguna conversión |
13 | 3 | 1 año en el 98% |
| n.i. : dato no indicado. (1)No se incluyen los desgarros del peritoneo en la técnica TEP. (2) Una reintervención por duda diagnóstica de recidiva que resultó ser un hematoma. (3) Resúmenes de comunicaciones presentadas en la XXII Reunión Nacional de Cirugía. (4) Una reintervención por shock hipovolémico (hematoma en el Retzius) (5) Una reintervención en el grupo laparoscópico por sangrado. (6) Dos reintervenciones por hematoma y oclusión intestinal. (7) 2 recidivas en el postoperatorio inmediato pero no refieren si se reintervinieron. |
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| Tabla 3: Estudios multicéntricos (no controlados). | ||||||
| Autor, Año | Nº pacientes/Nº hernias | Técnicas | Complicaciones(%) | Recidivas(%) | Seguimiento medio | Comentarios |
| Tetik et al. 1994 [8] | 1395 / 1514 | TAPP: 553 TEP: 457 IPOM: 320 Cierre simple: 102 Plug and patch: 82 |
13'6 (1'2 % intraoperatorias) | Global: 2'2 Plug and patch: 22 Cierre simple: 3 IPOM: 2'2 TAPP: 0'7 TEP: 0'4 |
13 meses | La hernioplastia laparoscópica es segura y las complicaciones son mayoritariamente menores. Las recurrencias son menores con la utilización de mallas grandes. |
| Phillips et al. 1995 [58] | 2559 / 3229 | TAPP: 1944 TEP: 578 IPOM: 345 Plug and patch: 286 Cierre simple: 76 |
10 | Global: 1'6 Plug and patch: 9 Cierre simple: 3 IPOM: 2 TAPP: 1 TEP: 0 |
22 meses | La hernioplastia laparoscópica no está exenta de complicaciones. Un training adecuado evitará muchas de ellas. |
| Fitzgibbons et al. 1995 [11] | 686 / 869 | TAPP: 562 IPOM: 217 TEP: 87 |
-Laparoscópicas: 5'4* -Generales: 6'7 -Locales: 17'1 |
Global: 4'5 TAPP: 5 IPOM: 5’1 TEP: 0 |
23 meses | La laparoscopia es una técnica efectiva para el tratamiento de las hernias inguinales con un índice de recurrencias precoces bajo. Puede realizarse de forma segura en un mismo tiempo quirúrgico junto con otro procedimiento laparoscópico. La incidencia de neuralgias es preocupante pero disminuye con la experiencia del cirujano. |
| (*) Dividen las complicaciones en tres grupos: 1) relacionadaas con la laparoscopia, 2) relacionadas con el paciente (generales), y 3) relacionadas con la herniorrafia (locales) | ||||||
Los autores europeos parecen preferir la técnica transabdominal (TAPP) mientras que los norteamericanos la extraperitoneal. En las series españolas existe cierta igualdad entre ambas técnicas, tal vez una ligera inclinación hacia la TEP. Weber et al. [43] informan de la reparación de 78 hernias bilaterales mediante abordaje transabdominal siguiendo la técnica de Stoppa y, aunque sus resultados son algo confusos, recomiendan la técnica para este tipo de hernias. Otros autores, sin embargo, prefieren colocar dos mallas independientes para tratar las hernias bilaterales [23]. Los tiempos operatorios medios se sitúan entre los 40 minutos de Castellón et al. [52] y los 84 minutos de Crawford [35], con unos rangos entre 14 y 205 minutos. Las diferencias en las tasas de complicaciones que se aprecian entre las distintas series hay que considerarlas desde el punto de vista de la falta de unanimidad en la definición misma de las complicaciones, el periodo postoperatorio o perioperatorio en donde se incluyen y el seguimiento. Las estancias hospitalarias medias pueden ser inferiores a los 2 días, como se constata en muchas de las series de nuestro entorno [48][50][52][54][57]. Es más, la idoneidad de la técnica TEP en régimen de cirugía sin hospitalización ha quedado perfectamente demostrada [35][44][59]. La serie alemana de Leibl et al. [23], la mayor de las revisadas, presenta unos periodos medios de baja laboral de 20 días (4-63) para los pacientes con hernias primarias, 21 días (3-100) para los portadores de bilaterales y 21 días (4-64) para las recurrentes. Segura et al. [48] con la misma técnica TAPP, obtienen una incorporación laboral más precoz (16 días de media, rango 14-21 días).
Si aceptáramos como válidas las principales conclusiones de estos trabajos podríamos establecer que:
No obstante, si queremos obtener una visión más objetiva deberemos centrarnos principalmente en los estudios controlados que analizan la técnica laparoscópica. Dos revisiones recientes recogen los resultados de 18 estudios de este tipo publicados entre 1994 y 1997 sobre hernioplastia laparoscópica y cirugía convencional. Krähenbühl et al. [22] resumen los resultados de 13 de estos trabajos agrupándolos en dos bloques según el tipo de cirugía convencional con el que se comparan:
Diez series de cirugía laparoscopia (7 TAPP y 3 TEP) versus cirugía abierta sin malla con 1996 pacientes (972 laparoscópicos vs. 1024 convencionales): tiempo operatorio 67’6 vs. 51’2 minutos (significativo en 6); morbilidad igual (12’5% vs. 12’1%) pero menos dolor postoperatorio con la técnica laparoscópica (significativo en 8 series. Los costes hospitalarios se incrementan un 40-50% con la laparoscopia aunque la vuelta al trabajo fue más precoz con ella (17’4 vs. 27’8 días, con significación en 8 series). Tras un seguimiento medio de 11’2 meses las recurrencias fueron similares (1’2 vs. 1’9).
Tres series comparando cirugía laparoscópica (2 TAPP, 1 TEP) versus técnica "sin tensión" de Lichtenstein, con un total de 462 pacientes (229 laparoscópicos y 233 sin tensión): tiempo operatorio medio de 56 vs. 50’6 minutos (sin diferencias significativas) y morbilidad 18’6% vs. 41’4% (significativo en dos series); estancia postoperatoria media: de 17 vs. 33’4 horas (significativo en 2 series); menos dolor postoperatorio en el grupo laparoscópico (significativo en 2); aumento del coste hospitalario en un 40% con la laparoscopia aunque la vuelta al trabajo también fue más precoz con la laparoscopia: 9’4 días vs. 19 días (significativo en las 2 series que se estudió). No se diagnosticaron recidivas herniarias durante un seguimiento medio de 10 meses (sólo dos series)
Crawford [35] presenta 5 trabajos más en su revisión. Dos comparan la técnica TAPP con la de Lichtenstein [60][61], uno la técnica TAPP con otras técnicas convencionales (con y sin malla) [63], otro las técnicas TAPP, TEP y Shouldice [63] y uno más la TEP con la herniorrafia sin malla [64]. En total suman 183 pacientes tratados por laparoscopia y 161 por cirugía convencional. En tres trabajos se constató menos dolor postoperatorio con la cirugía laparoscópica, en uno no se obtuvo significación estadística y en otro no se estudió esta variable. Las complicaciones fueron similares entre ambos grupos (laparoscópico y abierto) oscilando globalmente entre un 6% y un 22%, excepto en un estudio en el que la morbilidad de la cirugía abierta fue mayor (83% vs. 20%) [61]. La reanudación de la actividad habitual y laboral fue significativamente más precoz con la laparoscopia en dos de estos estudios. Las recidivas herniarias se consideran en uno sólo de ellos y no hubo diferencias significativas.
Uno de los principales beneficios que debe proporcionar la herniorrafia laparoscópica es la recuperación más precoz de los pacientes laboralmente activos, con el consiguiente ahorro social (costes indirectos). Diversos estudios escandinavos han demostrado como la vuelta más precoz al trabajo en los pacientes intervenidos por laparoscopia puede inclinar el coste total a favor de esta técnica [61][65][66]. Sin embargo, el estudio holandés de Liem et al. no consiguió demostrar tal beneficio y el coste total de la herniorrafia laparoscopia seguía siendo ligeramente superior [67].
En la tabla 4 resumimos los resultados de otros ensayos clínicos publicados hasta la fecha y a continuación comentaremos las tres series mayores.
| Tabla 4:Estudios prospectivos randomizados. | ||||||
| Autor, Año | Técnicas (nº de pacientes) | Complicaciones / Tiempo operatorio | Dolor postoperatorio | Vuelta al trabajo (LAP vs AB) | Recidivas (%) (LAP vs AB) / Seguimiento medio | Comentarios |
| Juul et al. 1999 [33] | TAPP (138) vs Shouldice (130) | -n.s. -T. Op. > LAP(1) (77 vs 45 min) |
LAP < dolor(1) | 13 vs 18 días(1) | 2'9 vs 2'3 12 meses | Sólo pacientes portadores de hernias primarias unilaterales: menos dolor y mejor recuperación en los tratados por LAP. |
| Picchio et al. 1999 [19] | TAPP (53) vs Lichtenstein (52) | -n.s. -T. Op. > LAP(1) (49'6 vs 34 min) |
Lich. < dolor (después del 2º días)(1) | 6'5 vs 6'1 semanas(1) | n.i. | Sólo hernias primarias unilaterales: la LAP no ofrece ventajas significativas en comparación a la de Lichtenstein. |
| Beets et al. 1999 [34] | TAPP (42) vs Stoppa (37) | -Menos infeciones quirúrgicas con la LAP(1) -T. Op. > LAP(1) (79 vs 56 min) |
LAP < dolor(1) | 13 vs 23 días(1) | 12'5 vs 1'9 34 meses | Sólo hernias recidivadas: menor morbilidad con LAP. En lo referente a las recidivas la AB es la de elección. Costes totales idénticos si se incluyen las complicaciones. |
| Díaz Iglesias et al. 1999 [68] | TEP (12) Vs Stoppa (8) | -n.s. -n.i. |
n.s. | n.s. | 0 18 meses | Sólo hernias recidivadas: la LAP proporciona unos resultados similares a la de Stoppa. |
| Dirksen et al. 1998 [69] | TAPP (88) vs Bassini(87) | -Más hematomas inguinales con la LAP(1) -T. Op. > LAP(1) (82 vs 45 min) |
LAP < dolor(1) | 14 vs 22 días(1) | 6 vs 21(1) 24 meses | Sólo hernias primarias: la LAP aventaja a la técnica de Bassini en cuanto al dolor postoperatorio, recuperación y recidivas. |
| Paganini et al. 1998 [70] | TAPP (52) vs Lichtenstein (56) | -n.s. -T. Op. > LAP (sólo en las hernias unilaterales) |
LAP < dolor después de la 1ª semana | n.s. | 1'9 vs 0 - | La ausencia de ventajas en cuanto a recuperación postoperatoria y el importante aumento en los costes con la LAP recomiendan que no se use de forma rutinaria. |
| Wellwood et al. 1998 [71] | TAPP (200) vs Lichtenstein (200) | -Menos infeciones quirúrgicas con la LAP(1) -n.s. |
LAP < dolor(1) | 11 vs 18 días(2) | 0 3 meses máximo | Los pacientes del grupo LAP se mostraron más satisfechos con la operación al mes y a los 3 meses. La LAP tiene ventajas clínicas a corto plazo aunque es más cara. |
| Tanphiphat et al. 1998 [72] | TAPP (60) vs Bassini (60) | -n.s. -T. Op. > LAP(1) (95 vs 67 min) |
LAP < dolor | n.s. | 1'6 vs 0 32 meses | La LAP no ofrece ventajas en cuanto a estancia hospitalaria ni periodo de baja laboral. |
| Bostanci et al. 1998 [73] | TEP (32) vs Nyhus (32) | -n.s. -T. Op. > LAP(1) (58 vs 35 min) |
n.s. (después de las 1ª 24 h) | - | 0 15 meses | La única ventaja de la LAP es un menor dolor en las primeras 24 horas del postoperatorio. |
| Aitola et al. 1998 [74] | TAPP (24) vs Nyhus (25) | - n.s. (21% LAP vs 8% AB) -T. Op. > LAP(1) (66 vs 55 min) |
LAP < dolor(1) | 7 vs 5 días | 13 vs 8 18 meses | La AB se asoció con menos morbilidad y recidivas por lo que debe considerarse más apropiada, al menos en las hernias unilaterales. |
| Zieren et al. 1998 [75] | TAPP (24) vs Lichtenstein (80) vs Shouldice (80) | -n.s. -T. Op.>LAP(1) (61 vs 36 vs 47 min) |
Igual entre TAPP y Licht. Shouldice> dolor |
Igual entre TAPP y Licht. Mayor con Shouldice(1) |
0 25 meses | Sólo hernias primarias: ambas técnicas sin tensión son superiores al Shouldice pero la AB puede realizarse con anestesia local y es más barata. |
| Damamme et al. 1998 [76] | TAPP vs Shouldice (total= 64 pacinetes) | -n.s. -T. Op. > LAP(1) (89 vs 56 min) |
n.s. | n.s. | - | La LAP no disminuye el dolor postoperatorio, la estancia hospitalaria ni el periodo de baja laboral, y es el doble de cara. |
| Champault et al. 1998 [77] | TEP vs Shouldice vs Stoppa (total= 461 pacientes) | n.i. | n.i. | n.i. | TEP / Shouldice / Stoppa 7'4 vs 12'5 vs 10'5 4 años mínimo (79% de la serie) | Sólo hernias tipo III y IV (Nyhus): menos recidivas con la LAP aunque sin significación estadística. |
| Champault et al. 1997 [78] | TEP (50) vs Stoppa (50) | -4% LAP vs 20% AB(1) -T. Op. > LAP(1) |
LAP < dolor(1) | 17 vs 35 días(1) | 6 vs 2 | La LAP proporciona unos índices de recidiva similares a la técnica de Stoppa pero con una morbilidad menor y una recuperación más rápida. |
| Sarli et al. 1997 [15] | TAPP (64) vs Lichtenstein (66) | -n.s. (15'6% TAPP vs 12'1%) -T. Op. > LAP(1) |
n.s. | n.s. | 0 36 meses | La LAP no ofrece ventajas en cuanto a morbilidad, dolor y recuperación. |
| LAP: herniorrafia laparoscópica; AB: herniorrafia
abierta.;T. op.: tiempo operatorio; n.s.: diferencias no significativas;
n.i.: no informado (1): p< 0'05. (2) Sólo para el trabajo sedentario |
||||||
En el estudio multicéntrico holandés de Liem et al. [79] se trataron 487 pacientes mediante TEP y 507 por cirugía convencional (malla sólo como último recurso). Participaron 87 cirujanos y residentes, 23 de los cuales realizaron las intervenciones laparoscópicas (experiencia previa acreditada aunque no la concretan). Se eligieron pacientes mayores de 20 años con hernias unilaterales primarias o recurrentes por primera vez (11% de hernias recidivadas en el grupo laparoscópico y 12% en el abierto). El tiempo operatorio fue significativamente menor en el grupo abierto (40 vs. 45 min) y no hubo diferencias significativas en cuanto a sangrado arterial operatorio ni en las lesiones del conducto deferente. Las complicaciones postoperatorias se pueden calcular (no se presenta una cifra global en el trabajo) en 15’6% para el grupo abierto y en 11% en el laparoscópico. Se alcanzó significación estadística a favor de la laparoscopia en los índices de infecciones de la herida (0% vs. 1%) y el dolor crónico (2% vs. 14%), pero desfavorable en cuanto a los hematomas y seromas. El dolor postoperatorio (escala visual) fue significativamente menor con la laparoscopia. La estancia postoperatoria (1 vs. 2 días) y la vuelta al trabajo (14 vs 21 días) fueron también más favorables en el grupo laparoscópico (p<0'001). La tasa de recurrencias con un seguimiento medio 20 meses (12-24) fue 6% en el grupo abierto versus 3% en el laparoscópico (p= 0’05). El estudio concluye que la laparoscopia proporciona una recuperación más rápida y conlleva unos índices de recurrencias menores.
El segundo estudio controlado en tamaño de muestra corresponde al Medical Research Council`s Laparoscopic Groin Hernia Group, desarrollado en el Reino Unido e Irlanda (26 hospitales y 27 cirujanos participantes) [80]. Se distribuyeron 468 pacientes para hernioplastia laparoscópica (TEP en un 70%) y 460 para cirugía abierta (Lichtenstein en el 89%). Se eligió cualquier paciente con hernia inguinocrural (no inguinoescrotales ni incarceradas). La elección de la técnica dependió del cirujano y todos habían realizado al menos 10 herniorrafias laparoscópicas. En el grupo laparoscópico el 7'2% de hernias eran bilaterales y un 12'2% recidivadas, mientras que en el abierto lo eran un 8'2% y 9'3% respectivamente. Hubo al menos una complicación quirúrgica en el 5’6 % de las intervenciones laparoscópicas y en el 1’4% de las abiertas. Presentaron complicaciones a la semana de la intervención un 30% del grupo laparoscópico frente al 43'5% grupo abierto (p< 0'001). Las tres complicaciones más serias ocurrieron en el grupo laparoscópico TAPP: lesión del nervio femorocutáneo lateral, lesión de la vejiga y lesión de la arteria ilíaca con un trocar. Un paciente más de este grupo sufrió un episodio de obstrucción intestinal. El tiempo operatorio fue 15 minutos mayor en el grupo laparoscópico y la estancia postoperatoria significativamente menor. La laparoscopia fue 314 £ de media más cara pero el periodo de baja laboral fue significativamente más corto con ella: 28 días (n=162) versus 42 días (n=153). Durante la revisión al año se detectaron 7 recurrencias (n= 362, 1’9%), todas en el grupo laparoscópico (p= 0’01). Los autores centran sus conclusiones en la preocupación por las complicaciones graves de la técnica laparoscópica y en su índice de recidivas. Aunque se reconoce que aporta ventajas para los pacientes, se recomienda la cirugía convencional como la más apropiada para el cirujano general, reservándose la técnica laparoscópica para el ámbito de cirujanos especializados.
Algunos autores han criticado este estudio alegando un inadecuado análisis de los resultados, especialmente con respecto a la técnica TEP, pues la preocupación por la seguridad de la laparoscopia surge de las complicaciones graves asociadas a la técnica transabdominal. Esto se evitaría con su sustitución por la técnica extraperitoneal. Los altos índices de complicaciones podrían atribuirse a la inexperiencia de los cirujanos que tomaron parte en el estudio [37][81][82]. Por otro lado, considerar que esta técnica debe reservarse para centros especializados sería muy polémico. Se debería estimar esta posibilidad también para otros muchos campos de la cirugía y habría que desarrollar primero un sistema de acreditación objetivo y eficaz.
El estudio sueco de Johansson et al. [3] consta de tres brazos sobre 613 pacientes (200 en cada uno): herniorrafia convencional (sin malla), técnica preperitoneal abierta (con malla) y TAPP. Se eligieron pacientes varones entre 40 y 75 años con hernias unilaterales, primarias o primera recurrencia. Se exigió a los cirujanos haber realizado al menos 10 herniorrafias laparoscópicas y 5 preperitoneales abiertas. La técnica convencional con sutura fue libre pero todos utilizaron suturas irreabsorbibles. Las complicaciones operatorias fueron mayores con la TAPP (n= 4 vs. 1 en cada uno de los otros grupos) y las complicaciones postoperatorias a las 8 semanas fueron similares (n= 42, convencional; n= 44, abierto con malla; n= 44, TAPP). A la semana el dolor subjetivo no difirió entre los grupos y el tiempo medio de baja laboral fue significativamente menor con la TAPP (14'7 vs. 17'7 con la técnica abierta con malla vs. 17'9 días con la convencional). Los costes totales, teniendo en cuenta la ausencia laboral, fueron 44 $ y 748 $ respectivamente más caros en el grupo preperitoneal abierto y en el TAPP con relación al convencional. Se diagnosticaron 4 recurrencias al año de seguimiento en el grupo convencional, 11 en el preperitoneal abierto y 4 en la TAPP (p= n.s.). Se concluyen que la laparoscopia acelera la recuperación y la vuelta al trabajo a costa de un incremento significativo de los costes.
La herniorrafia laparoscópica ha demostrado ser segura y eficaz, se han definido sus mejores indicaciones y hay datos para conseguir una mejor relación coste-beneficio. No obstante, la curva de aprendizaje es larga, los riesgos potenciales del abordaje transabdominal son evidentes, y las técnicas no están aún totalmente estandarizadas: no hay consenso sobre la técnica mejor, no se ha establecido el tamaño ideal de la malla ni su forma, y se discute sobre su fijación o no. La laparoscopia proporciona, en general, menos dolor postoperatorio y una recuperación más precoz, pero para evaluar el ahorro que esto conlleva habría que estudiar cómo consideran los distintos sistemas sanitarios estos beneficios y si los incluyen o no en sus presupuestos. Es evidente que en los pacientes jubilados la recuperación postoperatoria tiene unas connotaciones económicas muy distintas a la de los pacientes laboralmente activos. Es más, sin una motivación adecuada estos últimos no retomarán sus actividades laborales de una forma uniforme: en general, cualquier sociedad acepta unos periodos de convalescencia generosos.
Hemos recogido un total de 56 estudios controlados basados en distintos aspectos de la herniorrafia laparoscópica, publicados desde 1994 hasta octubre de 1999. Parece que se dispone de un número suficiente con un diseño adecuado y, si exceptuamos alguno que compare la técnica transabdominal con la extraperitoneal, probablemente no se necesiten más. El siguiente objetivo habría que centrarlo en un buen seguimiento prospectivo de los pacientes intervenidos laparoscópicamente [37][83].
Una encuesta en el Reino Unido ha evidenciado que muchos cirujanos que realizan cirugía laparoscópica elegirían, no obstante, la herniorrafia convencional para sí mismos [84]. Habría que desterrar esta hipocresia profesional del terreno de la laparoscopia manteniendo como único objetivo la respuesta a una sencilla pregunta, ¿qué es mejor para el paciente? Tal vez la cuestión no sea situarse en uno u otro extremo de la polémica (herniorrafia laparoscópica SI o herniorrafia laparoscópica NO), sino tratar de encontrar la solución más adecuada para el problema de cada paciente. No hay duda que la herniorrafia laparoscópica ocupará un sitio definido en esta amplia franja.
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